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El Joven Adicto en la posmodernidad
20141015

El Joven Adicto en la posmodernidad

 

Lic. Daniel Duek

 

A) Antes y Ahora:

 

Las relaciones entre el sujeto y la sociedad fueron estudiadas desde diversas disciplinas y abordajes. Esta temática, que involucra procesos de mayor o menor facilitación de inclusión, especialmente de los jóvenes, es convocante dado que están implicadas múltiples variables y condicionamientos, no solo sociales, sino culturales, psicológicas, educacionales, políticas, económicas, etc.  Desde el psicoanálisis Sigmund Freud, magistralmente, redactaba en “El malestar en la cultura” (1930) como el sufrimiento acechaba al individuo desde tres lados:

 

a)      El cuerpo propio, destinado a la decadencia;

b)      El mundo externo, el ser humano tiene que afrontar la fuerza irrefrenable de la naturaleza;

c)      Los vínculos humanos,  dice: tal vez lo mas doliente.

 

El plantea que para afrontarlos se requiere de calmantes que permitan soportar la vida, distracciones que lo sustraigan del dolor, que como satisfacciones sustitutivas le reduzcan ese dolor. En esta serie ubica al arte y a la ciencia. También se refiere a la religión como modo de encontrar un sentido al sufrimiento por la vía de la creencia en una fuerza sobrenatural y un mas allá de la vida. Por último, se refiere a las sustancias embriagadoras para que insensibilicen, anestesien el dolor, aunque a costa de la alteración del quimismo metabólico.

Habría, así, que apartarse del mundo? El critica el efecto tóxico, en tanto respuesta maníaca de negación y alejamiento de la interacción con la realidad. O, tal vez, se pregunta, habría que sublimar los deseos, las pasiones? Pero, dice, que este es un camino que no conmueve la corporeidad. El trabajo, puede ser un canalizador del sufrimiento? Sin embargo, no es apreciado como camino a la dicha…Entonces el amor ayuda? Y, responde que este esta cargado de penurias (Ibíd. cap. 2). Y postula que tanto la fantasía, como el arte, la religión y el goce estético de la belleza son insuficientes para conmover el dolor humano.

 

            En esta, nuestra era postmoderna, han pasado casi cien años, de aquella cultura victoriana del 1900 y lo contemporáneo actual es la fluidez, lo virtual, vertiginoso. No hay espacio para la cultura del malestar, hoy el mandato es el bienestar, el goce y el placer inmediato. El dolor esta censurado y el mensaje es goza ya! La experiencia de satisfacción fue variando, no hay valoración de la espera, ni de la postergación. Ser ya!.

Al mismo tiempo, la subjetividad se ha ido “objetalizando”, hasta el ser humano es objeto/mercancía que es descartado por las instituciones acorde a la funcionalidad y su capacidad de rendimiento. El marco hipercapitalista y tecnocrático ha resuelto la complejidad humana en un reduccionismo aplastante y homogeneizante. Y en el caso de la ciencia, es usada para intentar controlar y dominar a la naturaleza, para luchar contra el paso del tiempo y eternizar la juventud. Como una etapa ilusoria signada de gloria y dicha, cuando en realidad posee vicisitudes y angustias especificas ineludibles a ser tramitadas.

 

Hoy, no prevalece la represión (victoriana), ha tomado su lugar, el histrionismo expresivo (posmoderno). La acción subyuga,  no puede haber demora, el vértigo acecha la subjetividad, mientras, el Panic-atack estalla, cuando clama la aplastada subjetividad. Los mensajes predominantes actuales que se sostienen son: “Let it be y el just do it” imperativos que se han acercado y fusionado peligrosamente. Que magnetizan y encantan las idiosincrasias masivamente, así se cree llegar a “ser” en relación al “tener”. Pareciera que las vivencias de tensión y falta interna se aplacan con la incorporación de un objeto externo, en lugar de ser reconocidas y elaboradas.

 

 

B) El sujeto y el nosotros:

 

 

Desde un abordaje filosófico-psicoanalítico C. Castoriadis (1989) plantea en “La institución imaginaria de la sociedad” que no es posible separar la psique de lo histórico-social. Es el humano definido como sujeto histórico-social-psíquico. La impronta Castoriadis, no fue menor en el psicoanálisis francés. Este autor afirma en una entrevista (publicada en Nouveau Politis n° 434, en marzo de 1997 poco antes de su muerte) que “El posmodernismo no es más que una denominación pomposa de la crisis de creación en el terreno de la cultura. El término fue inventado por los arquitectos cuando concluyeron que la corriente moderna en la arquitectura se había agotado. Como no eran capaces de dar una salida y como estaban poseídos por otro mal de la época, el furor por lo «nuevo», que conduce casi siempre a una simple repetición, inventaron este término para una producción en arquitectura que no es más que collage”. El postmodernismo esta vinculado, fusionado al mercado, al furor por consumir lo nuevo. La sociedad posmoderna actual aliena al sujeto, lo masifica.

La fuerte crítica a la sociedad actual se redimensiona y potencia ya que, para este autor, el principio de realidad debiera entenderse a partir de que la realidad es la instituida por la sociedad. El sujeto, así, se encuentra cautivo al destino familiar-social. En su concepción, la Psique es imaginación radical, al igual que para Aristóteles y Kant, y la sociedad inhibe tal imaginación (Ibíd. 2da parte, cap. 6). El otro-semejante social tiene poder significador.

Piera Aulagnier, por su lado, planteó conceptos que justifican, desde la clínica del narcisismo y la psicosis, tales afirmaciones a través de: la violencia primaria y secundaria, el contrato narcisista, la sombra hablada y la fundamental función del portavoz (madre o su representante) como enunciante de: el discurso ambiental, el sistema de parentesco, la estructura lingüística, en última instancia, como creador de sentido, origen-originante de la subjetividad.

Lo originario, de este modo, es estructurante, y al mismo tiempo, social e histórico. Castoriadis llega entonces a proponer la función y meta del psicoanálisis como: liberador de la imaginación radical del sujeto, dado que se encuentra irremediablemente amarrado a la alienación en los otros significadores. Paradoja del origen y destino social de lo intrapsíquico.

 

 

C) La subjetividad político-social e historizada:

 

 

Un pensador contemporáneo admirable, el historiador, I. Lewcowicz (1998) ubica a la sociedad como instituyente de “tipos psicosociales”. Las condiciones socioculturales están conformadas por una red de prácticas que intervienen en la constitución de los tipos subjetivos reconocibles. Las prácticas producen lógicas sociales, fundan subjetividad y la figura del “adicto” es un tipo subjetivo reconocible. Así como en la sociedad de la antigua Grecia prevalecía la institución de la esclavitud, la actual es una sociedad en la que la adicción es la posibilidad dada.

Se trata entonces, de poder reflexionar acerca de aquellas condiciones históricas que delimitan la fragua subjetiva de la adicción en un individuo.

 

El consumo de sustancias psicoactivas, se han constituido como practica social ligada a un (falso) sostén que amarra la subjetividad al escape del dolor y al mandato del existismo. Si bien esta práctica abarca todas las franjas etáreas, es la juventud, en tanto proceso que conlleva la alianza con los otros como aliados sociales, la que más está en juego. Estos aliados/otros son aquellos nosotros necesarios en la inserción en el mundo adulto, en el pasaje hacia la realización del proyecto identificatorio soñado en la adolescencia. Es aquí donde la subjetividad en ciernes debe resolver la problemática del empuje al consumo junto a la necesaria inmediatez de su inserción. El sujeto precisa tiempos y espacios propios para no quedar arrasado en el intento.

El consumo problemático de sustancias psicotóxicas se ha configurado y construido históricamente a través de procesos materiales, simbólicos y económicos; de discursos socio- culturales, jurídicos e incluso de los avatares geo-políticos.

Es justamente ese múltiple condicionamiento el que configura la complejidad de esta problemática, tan propia y específicamente humana como el mismo uso del lenguaje.

Es por esto mismo, que la dificultad del abordaje psicoanalítico se entreteje a la vía de entrada privilegiada del lenguaje humano e incluso a las acciones significantes que, disfrazadas, conservan un enigma a ser revelado.

Al detenernos a pensar en esos mensajes sobre las adicciones, notamos sus efectos devastadores. Por ejemplo actualmente en nuestra sociedad el discurso jurídico proclama: “o te curas (no consumís!) o vas preso...” Alrededor del efecto enigmático y fascinante que produce el consumo de sustancias toxicas se engendran, entonces, jurídicamente adictos-delincuentes, de manera tal que el problema se desliza, asimismo, del sujeto consumidor al objeto droga. ¿Es la droga lo que amenaza? A nivel político-social si el que consume es negro, inmigrante (del interior del país o de nuestros países vecinos) y/o pobre se reafirma el imaginario social del delincuente, en cambio si es de clase media-alta se lo llama enfermo sirviendo al modelo económico conservador y neoliberal. El consumidor es, así en el imaginario social un enemigo y/o un peligro social que hay que aislar o controlar (como a los locos…) por temor al contagio.

 

 

D) Consumidor simple, abusivo, dependiente:

 

 

Distinguimos tres niveles diferenciados:

 

  • Consumidor simple,
  • Consumidor abusivo 
  • Sujeto dependiente.

 

Comparto con uds. un ejemplo de lo impregnante del imaginario social, y de cómo se ubica a “la sustancia” como lo problemático, en lugar de ubicar en el centro al sujeto y su entorno: un adolescente de 17 años a poco de haber ingresado al tratamiento, le costaba mucho ponerse en marcha activamente con cualquier iniciativa propia, en esto radicaba su base patógena. En una reunión social comparte un cigarrillo de marihuana con sus amigos. El padre se entera y llama al profesional, desesperado, poniendo al hijo en el lugar de adicto siendo que había sido un consumo simple, eventual y grupal sin ninguna incidencia en su personalidad, que ciertamente presentaba problemas muchos mayores.  Al citar el terapeuta a padre e hijo, este último relató y significo el hecho como curiosidad por probar, lo cual enojaba más aún a su progenitor. En este caso se pudo mostrar y trabajar con el padre que su hijo no presentaba problemas de dependencia a sustancia alguna, sino que la relación con él mismo (el padre) lo condicionaba, ya que, con su permanente complacencia y provisión no incentivaba la puesta en marcha de una conducta activa y con iniciativa por parte del hijo. Se pudo trabajar que la inquietante preocupación del padre dado por el eventual consumo de su hijo, le evoco la muerte de un amigo de su juventud por sobredosis. A su vez con el paso del tiempo, se develo que su madre consumía habitualmente marihuana, secreto guardado de insospechada influencia…

 

Otros ejemplos, ahora del consumo abusivo, aunque no dependiente, se nos presento hace años  en ocasión de atender adolescentes, que habían estado viviendo en la calle. Estos se  habían escapado de sus viviendas, habían sufrido diversos traumas físicos, abandonos y gran desamparo afectivo familiar y social. Muchos de ellos, a pesar de  su corta edad, bebían alcohol e inhalaban pegamento afectaban así, junto a sus carencias nutricionales, también su estado neurológico. Aquí nos encontramos con un consumo abusivo, muy destructivo y de origen familiar-social, que se pudieron ir revirtiendo a medida que se abordaron las problemáticas individuales junto a lo familiar y a la imprescindible ayuda social.

Los casos de sujetos muy involucrados con el consumo problemático de sustancias son aquellos en que su dependencia al consumo de la sustancia se torna necesaria para su subsistencia psiquica, les resulta imposible la abstinencia. Caen en angustia y desesperación si no incorporan la sustancia, acción de la cual depende su inestable equilibrio psíquico. Este último expresa sus profundos vacíos y carencias psico-emocionales y sociales; la infinita decepción y desconfianza de sus vínculos originarios; su desesperanza en el horizonte proyectivo, asimismo, el rechazo a los valores familiares y culturales, cuna de su constitución psíquica.

 

El malestar del consumidor problemático de sustancias toxicas legales (fármacos, alcohol) e ilegales (drogas) enuncia encubiertamente la dificultad para simbolizar “tortuosos desprendimientos y separaciones”, pérdidas traumáticas que no ha podido elaborar. La subjetividad adictiva puede abusarse en el consumo de cualquier sustancia e incluso paradójicamente hacer un dramático abuso del no consumo como ocurre en la anorexia. El consumo tóxico aleja al sujeto de la elaboración de lo ausente, dificulta su elaboración, ocluye lo simbólico, es un “objeto antiduelo” (Abadi S. 1984)

 

Sumemos a lo mencionado, que el joven coyunturalmente se encuentra ante el dilema de  resolver una compleja paradoja implicada en su intento de inclusión social; por un lado el mensaje dominante del empuje del/al mercado hacia el consumo indiscriminado y abusivo, y al mismo tiempo, no ser juzgado y estigmatizado en sus deslices, arduo trabajo de inserción en el mundo adulto. El joven puede expresar con el consumo de drogas el modo de integrarse a un grupo, al mismo tiempo, su rebeldía,  su transgresión y violencia contra los adultos y contra el sistema que sustentan. Oposicionismo rebelde que es manifestación y parte del proceso juvenil de integración social. Del hacerse un lugar auténticamente propio.

 

Si la sociedad ubica a “la droga” como parte de la cultura juvenil pueden entenderse ciertos desplazamientos imaginarios: si el problema no es el sujeto sino “la sustancia”, entonces se articulan: Droga-desviación; Droga-delincuente. Ecuaciones socio-culturales que pueden arraigarse y constituirse en verdades absolutas y sostenidas por el entretejido social. Así nos deslizamos de la problemática psicosocial a la problemática moral y entonces, como diría M. Foucault, parece que hay que controlar, “vigilar y castigar”.

 

 

 

 

Bibliografía:

 

 

 

·         Abadi S., Adolescencia y droga: un síntoma de la cultura. Revista de Psicoanálisis de APA  N° 47 ( 4),  Buenos Aires 1990 

·         Abadi S., Adicción; la eterna repetición de un desencuentro. Revista de Psicoanálisis APA N° 41. Buenos Aires.1984.

·         Castoriadis C, La institución imaginaria de la sociedad. Vol. II. El imaginario social y la sociedad. Cáp. VI y VII. Tusquets Editores, Barcelona, 1989. Tusquets Editores, Argentina, 1993.

·         Castoriadis C. Entrevista Rev. Nouveau Politis n° 434, (1997). Francia.  Rev. Topía. Buenos Aires, 1999.

  • Duek D., Quevedo S., Toxicomanías en la juventud de la sociedad actual. Inédito. Trabajo presentado en Jornada de la Cátedra de Psicología Evolutiva Adolescencia cat. II. Publicación interna Practica Profesional. Buenos Aires, 2010.

·         Freud S, El malestar en la cultura. Cap. II. (1930). O. C. Amorrortu Ed, Buenos Aires. 1976.

·         Freud S, Psicología de las masas y análisis del yo. (1921) O.C. Amorrortu Ed. Buenos Aires.1976.

  • Foucault M., Vigilar y Castigar. Ed. Siglo Veintiuno, 1975

 

  • González Zorrilla C., Drogas y control social. Rev. Poder y Control N° 2. Barcelona. 1987.

 

  • Lewcovicz I. Subjetividad adictiva: un tipo psico-social históricamente instituido. Revista de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Tomo XXI, N° 1, Buenos Aires, 1998.


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