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Adolescencia y nuevas tecnologías (Lic.Hugo Loureiro)
26.11.2014

La irrupción de las nuevas tecnologías, expresión del incesante desarrollo de la ciencia en tiempos del capitalismo tardío, nos convoca a examinar su incidencia en los procesos identificatorios que se llevan a cabo en la adolescencia.

El planteamiento de esta problemática supone, al menos, dos cuestiones a considerar: se trataría de la recreación o reformulación del lazo social en el contexto de una sociedad de consumo que promueve la constante apropiación de “gadgets”, o bien; pondría en evidencia la devaluación de la subjetividad, es decir, el predominio de lo virtual-imaginario sobre el orden simbólico, reforzando así la retracción narcisista de un goce en soledad que, paradójicamente, “conecta” al sujeto, en todo momento y en todo lugar, con una multiplicidad de otros, muchos de ellos casi anónimos y con una superficial implicancia afectiva para con el adolescente.

Estas dos perspectivas, aparentemente opuestas, podrían articularse, toda vez que el lazo social se despliega en el contexto socio-cultural que lo moldea y le suministra los escenarios (estructuras familiares, instituciones de diverso tipo y complejidad, grupos de pertenencia, etc.) a través de los cuales se pone en juego.

Podríamos afirmar que existe un Otro de la tecnología cuyos efectos se vinculan con un estado de saturación que abruma al sujeto; un exceso de información que conviene diferenciar de otras posibilidades que las herramientas virtuales proporcionan, esto es, la incorporación de conocimientos y saberes que favorecen la eficaz inclusión del adolescente en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

La diversidad de herramientas tecnológicas de última generación, en tanto oferta del mercado, no supone la satisfacción de “nuevas” necesidades, sino la creación de las mismas: el sujeto se dirige, sin mas, a su encuentro, sellando así el vínculo con el objeto. Es éste, en consonancia con el discurso capitalista, el que imprime ciertas particularidades a la subjetividad de nuestro tiempo;  situación que desde el imaginario social se legaliza en la ilusión de un goce para todos.

Lo apuntado adquiere particular relevancia si consideramos que el adolescente es atravesado por una “conmoción estructural” cuyas implicancias, entre otras, se relacionan con el replanteamiento del sentimiento de sí, dejando atrás los lazos identificatorios de la infancia que serán sustituidos por el advenimiento de nuevas identificaciones asentadas en el grupo de pares o tribus, y en otros personajes idealizados de la cultura.

 

Considerando, de acuerdo a Lacan, que el yo (moi) se constituye por alienación en una exterioridad-gestalt que lo sustenta, de manera tal que “el yo es otro”; es indudable que aquellos vínculos virtuales que el adolescente establece con un universo casi infinito de otros, abrirán paso a una diversidad de identificaciones que reproducen la dramática propia de la fase del espejo. La fragmentación corporal que reaparece en la adolescencia puede ser velada por el amplio abanico de “espejos” que las nuevas tecnologías proporcionan.

En tal sentido, no resulta infrecuente la adicción a estos nuevos medios de comunicación; una suerte de “toxicidad virtual”, en tanto la utilización compulsiva de los mismos revelaría un imperativo de goce que comanda la acuciante “necesidad” de permanecer conectado para ser parte de un mundo que ofrece estilos de vida, imágenes corporales, quehaceres con marcados ribetes de ficción; en definitiva, producciones virtuales que ocupan un lugar significativo en la cultura posmoderna. Se conforma así un “Gran hermano global” que todo muestra, que todo observa.

El observar-ser observados se inscribirá en dirección a ser aceptados por la mirada del Otro: aquellos otros-contactos-twiteros que forman parte del universo de pares, amigos, familiares, o casi desconocidos.

La creación de redes sociales tales como Facebook, Instagram y Twiter, ofrecen imágenes y textos de caracteres acotados; testimonios de la vida privada que deviene en pública, y en los cuales la imagen corporal posee un papel central.

Bajo tal modalidad se establece la relación que esta mostración-exposición guarda respecto de la reestructuración de la imagen corporal, al irrumpir, con el advenimiento de la pubertad, nuevas modalidades de goce.

 

Qué lugar ocupa lo privado en el mundo global? Parecería que todo puede, o debe, ser público.

En relación a este interrogante podríamos rescatar el término “extimidad”, neologismo que inventa Lacan, y que aparece esbozado por primera vez en el seminario sobre “La ética del Psicoanálisis”. Es J.A. Miller quien lo trabaja y le dedica un escrito.

Extimidad alude a lo mas íntimo reconocido en el afuera, un hacer externa la intimidad. Se trata de la paradoja respecto de lo mas íntimo que se encuentra en el exterior, en tanto vacila la dualidad interior-exterior. Al respecto, recordemos que Lacan emplea la imagen de una banda de Moebius para dar cuenta de una superficie que posee una sola cara, en la que interior y exterior se confunden.

Si el sujeto contemporáneo se encuentra exiliado de sí mismo, parecería encontrar su ser mas íntimo en aquello que está por fuera de él; en tal sentido se trataría de un real en lo imaginario.

De acuerdo a la afirmación de Lacan, el término extimidad posee esta particularidad: “lo que es lo mas íntimo justamente es lo que estoy constreñido a no poder reconocer mas que fuera” (Seminario XVI “De un otro al Otro”). Por lo tanto, no debemos concebir la extimidad como el opuesto a intimidad, sino como un interjuego entre ambas; tal dinámica colaboraría en la construcción de la propia identidad, problemática central en el proceso adolescente.

Desde tal perspectiva podemos sostener que el sujeto no se muestra tan solo para compartir algo con otros, sino que utiliza a éstos como espejo para reafirmarse, impulsado a exhibirse a modo de un personaje. De tal manera, se conforman diversas ficciones que se articularán, en lo esperable, con los recursos simbólicos que el adolescente disponga en dirección a la progresiva construcción del “fantasma”, respuesta subjetiva desde la cual intentará inscribirse en el enigma que representa el deseo del Otro.

 

Si enfocamos la temática abordada desde una óptica diferente, podemos considerar que la utilización de los medios virtuales podría concebirse como una modalidad, acorde al tiempo actual, del reposicionamiento subjetivo inherente al proceso adolescente.

Los vínculos con las herramientas virtuales suelen constituirse en los escenarios donde se despliegan modismos, jergas particulares, enunciados identificatorios, etc; que operan como el marco simbólico que regula y contiene las relaciones imaginarias, al modo que el Ideal del yo interviene legalizando el vínculo imaginario en la fase del espejo, descripta por Lacan.

Si bien la utilización de estas nuevas tecnologías se encuentra lo suficientemente masificada, se advierte que la brecha tecnológica que separa a los adolescentes de una parte considerable del mundo de los adultos, en cuanto a las habilidades y aprendizajes que los primeros detentan, constituye un correlato inédito de la lucha generacional. En tal sentido, la confrontación que planteara Winnicott, esencial para que el adolescente pueda consolidar un nuevo lugar simbólico distante del que ocupara en la niñez, encontraría así nuevas modalidades de expresión.

El vertiginoso desarrollo científico-tecnológico que desde una lectura lacaniana forcluye al sujeto, promueve un apego ininterrumpido al objeto. Estos gadgets, pequeños objetos a, concentran en forma cada vez mas creciente, una diversidad de funciones. De tal manera, y solo para citar un ejemplo, mediante un celular no solo se envían mensajes de texto; su utilización posibilita, además, reproducir música, conectarse a Internet, chatear y jugar.

Acorde a la velocidad del actual modo de producción de mercancías-objetos, y la estimulación del consumo que el discurso capitalista promueve, el aparato tecnológico de última generación pronto será reemplazado por otro que, al cabo de un lapso mas o menos breve, será también obsoleto.

La promesa en juego es que dichos objetos conllevan al logro de la felicidad, posibilitando un goce pleno, al obturar la falta. Tal supuesto implícito en el discurso capitalista, opera en detrimento del deseo, ya que éste queda reducido o degradado a la necesidad (instinto), que logra su satisfacción a través de un objeto apropiado, precisamente aquel que el mercado proporciona.

La ilusión de un goce generalizado representa no solo un imperativo de consumo, sino una modalidad de disciplinamiento a través del mismo, del cual, aunque no de manera exclusiva, los adolescentes son protagonistas privilegiados.

Resulta oportuno recordar, aunque referida a otro contexto socio-cultural, la concepción freudiana en el “Malestar en la Cultura”. El creador del Psicoanálisis sostenía que mediante la ciencia y la técnica, el hombre había materializado importantes logros culturales. Los ideales omnipotentes que adjudicaba a los dioses y a los cuales no había podido acceder, devinieron en el transcurso de la evolución humana, en logros propios. El mismo sujeto se convierte en un semi-dios: un dios con prótesis, al decir de Freud

Es indudable que las actuales herramientas virtuales van dejando su impronta en la construcción de la subjetividad: nuevas prótesis que porta el sujeto, asociadas al enorme progreso científico de nuestra época.

No obstante, tal como afirmara Freud, esta semejanza respecto de Dios, ni en su tiempo ni en el nuestro, han conllevado como esperada consecuencia, al logro de la felicidad.

Lic. Hugo Loureiro

 

 

Referencias bibliográficas

 

- Barrionuevo, J. (2011). Adolescencia y Juventud. Consideraciones desde el Psicoanálisis. Bs. Eudeba

- Barrionuevo, J. y Loureiro, H. (2010). El Otro y el discurso capitalista. Ficha de Cátedra. Of. de Publicaciones –Fac. de Psicología- (UBA)

- Lacan, J. (1949). El estadío del espejo como formador de la función del yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica. Escritos 1. México. Siglo XXI Editores.

- Montserrat Castellallana Rosell, Xavier Sánchez-Carbonell, Carla Graner Jordana y Marta Beranuy Fargues. (2007). El adolescente ante las tecnologías de la información y la comunicación: Internet, móvil y videojuegos. www.papelesdelpsicólogo

- Miller, J.A. (2010). Mas interior que lo mas íntimo. Artículo publicado en Sección Psicología. Página/12

- Departamento de Comunicación Es Baluard (2011). Extimidad. Arte, intimidad y tecnología en Es Baluard. www.arteenlared.com/españa/exposiciones/extimidad-arte-y-tecnología.

- Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. Bs. As. Amorrortu Editores. Obras Completas. 1983

 

 


El Joven Adicto en la posmodernidad
15.10.2014

El Joven Adicto en la posmodernidad

 

Lic. Daniel Duek

 

A) Antes y Ahora:

 

Las relaciones entre el sujeto y la sociedad fueron estudiadas desde diversas disciplinas y abordajes. Esta temática, que involucra procesos de mayor o menor facilitación de inclusión, especialmente de los jóvenes, es convocante dado que están implicadas múltiples variables y condicionamientos, no solo sociales, sino culturales, psicológicas, educacionales, políticas, económicas, etc.  Desde el psicoanálisis Sigmund Freud, magistralmente, redactaba en “El malestar en la cultura” (1930) como el sufrimiento acechaba al individuo desde tres lados:

 

a)      El cuerpo propio, destinado a la decadencia;

b)      El mundo externo, el ser humano tiene que afrontar la fuerza irrefrenable de la naturaleza;

c)      Los vínculos humanos,  dice: tal vez lo mas doliente.

 

El plantea que para afrontarlos se requiere de calmantes que permitan soportar la vida, distracciones que lo sustraigan del dolor, que como satisfacciones sustitutivas le reduzcan ese dolor. En esta serie ubica al arte y a la ciencia. También se refiere a la religión como modo de encontrar un sentido al sufrimiento por la vía de la creencia en una fuerza sobrenatural y un mas allá de la vida. Por último, se refiere a las sustancias embriagadoras para que insensibilicen, anestesien el dolor, aunque a costa de la alteración del quimismo metabólico.

Habría, así, que apartarse del mundo? El critica el efecto tóxico, en tanto respuesta maníaca de negación y alejamiento de la interacción con la realidad. O, tal vez, se pregunta, habría que sublimar los deseos, las pasiones? Pero, dice, que este es un camino que no conmueve la corporeidad. El trabajo, puede ser un canalizador del sufrimiento? Sin embargo, no es apreciado como camino a la dicha…Entonces el amor ayuda? Y, responde que este esta cargado de penurias (Ibíd. cap. 2). Y postula que tanto la fantasía, como el arte, la religión y el goce estético de la belleza son insuficientes para conmover el dolor humano.

 

            En esta, nuestra era postmoderna, han pasado casi cien años, de aquella cultura victoriana del 1900 y lo contemporáneo actual es la fluidez, lo virtual, vertiginoso. No hay espacio para la cultura del malestar, hoy el mandato es el bienestar, el goce y el placer inmediato. El dolor esta censurado y el mensaje es goza ya! La experiencia de satisfacción fue variando, no hay valoración de la espera, ni de la postergación. Ser ya!.

Al mismo tiempo, la subjetividad se ha ido “objetalizando”, hasta el ser humano es objeto/mercancía que es descartado por las instituciones acorde a la funcionalidad y su capacidad de rendimiento. El marco hipercapitalista y tecnocrático ha resuelto la complejidad humana en un reduccionismo aplastante y homogeneizante. Y en el caso de la ciencia, es usada para intentar controlar y dominar a la naturaleza, para luchar contra el paso del tiempo y eternizar la juventud. Como una etapa ilusoria signada de gloria y dicha, cuando en realidad posee vicisitudes y angustias especificas ineludibles a ser tramitadas.

 

Hoy, no prevalece la represión (victoriana), ha tomado su lugar, el histrionismo expresivo (posmoderno). La acción subyuga,  no puede haber demora, el vértigo acecha la subjetividad, mientras, el Panic-atack estalla, cuando clama la aplastada subjetividad. Los mensajes predominantes actuales que se sostienen son: “Let it be y el just do it” imperativos que se han acercado y fusionado peligrosamente. Que magnetizan y encantan las idiosincrasias masivamente, así se cree llegar a “ser” en relación al “tener”. Pareciera que las vivencias de tensión y falta interna se aplacan con la incorporación de un objeto externo, en lugar de ser reconocidas y elaboradas.

 

 

B) El sujeto y el nosotros:

 

 

Desde un abordaje filosófico-psicoanalítico C. Castoriadis (1989) plantea en “La institución imaginaria de la sociedad” que no es posible separar la psique de lo histórico-social. Es el humano definido como sujeto histórico-social-psíquico. La impronta Castoriadis, no fue menor en el psicoanálisis francés. Este autor afirma en una entrevista (publicada en Nouveau Politis n° 434, en marzo de 1997 poco antes de su muerte) que “El posmodernismo no es más que una denominación pomposa de la crisis de creación en el terreno de la cultura. El término fue inventado por los arquitectos cuando concluyeron que la corriente moderna en la arquitectura se había agotado. Como no eran capaces de dar una salida y como estaban poseídos por otro mal de la época, el furor por lo «nuevo», que conduce casi siempre a una simple repetición, inventaron este término para una producción en arquitectura que no es más que collage”. El postmodernismo esta vinculado, fusionado al mercado, al furor por consumir lo nuevo. La sociedad posmoderna actual aliena al sujeto, lo masifica.

La fuerte crítica a la sociedad actual se redimensiona y potencia ya que, para este autor, el principio de realidad debiera entenderse a partir de que la realidad es la instituida por la sociedad. El sujeto, así, se encuentra cautivo al destino familiar-social. En su concepción, la Psique es imaginación radical, al igual que para Aristóteles y Kant, y la sociedad inhibe tal imaginación (Ibíd. 2da parte, cap. 6). El otro-semejante social tiene poder significador.

Piera Aulagnier, por su lado, planteó conceptos que justifican, desde la clínica del narcisismo y la psicosis, tales afirmaciones a través de: la violencia primaria y secundaria, el contrato narcisista, la sombra hablada y la fundamental función del portavoz (madre o su representante) como enunciante de: el discurso ambiental, el sistema de parentesco, la estructura lingüística, en última instancia, como creador de sentido, origen-originante de la subjetividad.

Lo originario, de este modo, es estructurante, y al mismo tiempo, social e histórico. Castoriadis llega entonces a proponer la función y meta del psicoanálisis como: liberador de la imaginación radical del sujeto, dado que se encuentra irremediablemente amarrado a la alienación en los otros significadores. Paradoja del origen y destino social de lo intrapsíquico.

 

 

C) La subjetividad político-social e historizada:

 

 

Un pensador contemporáneo admirable, el historiador, I. Lewcowicz (1998) ubica a la sociedad como instituyente de “tipos psicosociales”. Las condiciones socioculturales están conformadas por una red de prácticas que intervienen en la constitución de los tipos subjetivos reconocibles. Las prácticas producen lógicas sociales, fundan subjetividad y la figura del “adicto” es un tipo subjetivo reconocible. Así como en la sociedad de la antigua Grecia prevalecía la institución de la esclavitud, la actual es una sociedad en la que la adicción es la posibilidad dada.

Se trata entonces, de poder reflexionar acerca de aquellas condiciones históricas que delimitan la fragua subjetiva de la adicción en un individuo.

 

El consumo de sustancias psicoactivas, se han constituido como practica social ligada a un (falso) sostén que amarra la subjetividad al escape del dolor y al mandato del existismo. Si bien esta práctica abarca todas las franjas etáreas, es la juventud, en tanto proceso que conlleva la alianza con los otros como aliados sociales, la que más está en juego. Estos aliados/otros son aquellos nosotros necesarios en la inserción en el mundo adulto, en el pasaje hacia la realización del proyecto identificatorio soñado en la adolescencia. Es aquí donde la subjetividad en ciernes debe resolver la problemática del empuje al consumo junto a la necesaria inmediatez de su inserción. El sujeto precisa tiempos y espacios propios para no quedar arrasado en el intento.

El consumo problemático de sustancias psicotóxicas se ha configurado y construido históricamente a través de procesos materiales, simbólicos y económicos; de discursos socio- culturales, jurídicos e incluso de los avatares geo-políticos.

Es justamente ese múltiple condicionamiento el que configura la complejidad de esta problemática, tan propia y específicamente humana como el mismo uso del lenguaje.

Es por esto mismo, que la dificultad del abordaje psicoanalítico se entreteje a la vía de entrada privilegiada del lenguaje humano e incluso a las acciones significantes que, disfrazadas, conservan un enigma a ser revelado.

Al detenernos a pensar en esos mensajes sobre las adicciones, notamos sus efectos devastadores. Por ejemplo actualmente en nuestra sociedad el discurso jurídico proclama: “o te curas (no consumís!) o vas preso...” Alrededor del efecto enigmático y fascinante que produce el consumo de sustancias toxicas se engendran, entonces, jurídicamente adictos-delincuentes, de manera tal que el problema se desliza, asimismo, del sujeto consumidor al objeto droga. ¿Es la droga lo que amenaza? A nivel político-social si el que consume es negro, inmigrante (del interior del país o de nuestros países vecinos) y/o pobre se reafirma el imaginario social del delincuente, en cambio si es de clase media-alta se lo llama enfermo sirviendo al modelo económico conservador y neoliberal. El consumidor es, así en el imaginario social un enemigo y/o un peligro social que hay que aislar o controlar (como a los locos…) por temor al contagio.

 

 

D) Consumidor simple, abusivo, dependiente:

 

 

Distinguimos tres niveles diferenciados:

 

  • Consumidor simple,
  • Consumidor abusivo 
  • Sujeto dependiente.

 

Comparto con uds. un ejemplo de lo impregnante del imaginario social, y de cómo se ubica a “la sustancia” como lo problemático, en lugar de ubicar en el centro al sujeto y su entorno: un adolescente de 17 años a poco de haber ingresado al tratamiento, le costaba mucho ponerse en marcha activamente con cualquier iniciativa propia, en esto radicaba su base patógena. En una reunión social comparte un cigarrillo de marihuana con sus amigos. El padre se entera y llama al profesional, desesperado, poniendo al hijo en el lugar de adicto siendo que había sido un consumo simple, eventual y grupal sin ninguna incidencia en su personalidad, que ciertamente presentaba problemas muchos mayores.  Al citar el terapeuta a padre e hijo, este último relató y significo el hecho como curiosidad por probar, lo cual enojaba más aún a su progenitor. En este caso se pudo mostrar y trabajar con el padre que su hijo no presentaba problemas de dependencia a sustancia alguna, sino que la relación con él mismo (el padre) lo condicionaba, ya que, con su permanente complacencia y provisión no incentivaba la puesta en marcha de una conducta activa y con iniciativa por parte del hijo. Se pudo trabajar que la inquietante preocupación del padre dado por el eventual consumo de su hijo, le evoco la muerte de un amigo de su juventud por sobredosis. A su vez con el paso del tiempo, se develo que su madre consumía habitualmente marihuana, secreto guardado de insospechada influencia…

 

Otros ejemplos, ahora del consumo abusivo, aunque no dependiente, se nos presento hace años  en ocasión de atender adolescentes, que habían estado viviendo en la calle. Estos se  habían escapado de sus viviendas, habían sufrido diversos traumas físicos, abandonos y gran desamparo afectivo familiar y social. Muchos de ellos, a pesar de  su corta edad, bebían alcohol e inhalaban pegamento afectaban así, junto a sus carencias nutricionales, también su estado neurológico. Aquí nos encontramos con un consumo abusivo, muy destructivo y de origen familiar-social, que se pudieron ir revirtiendo a medida que se abordaron las problemáticas individuales junto a lo familiar y a la imprescindible ayuda social.

Los casos de sujetos muy involucrados con el consumo problemático de sustancias son aquellos en que su dependencia al consumo de la sustancia se torna necesaria para su subsistencia psiquica, les resulta imposible la abstinencia. Caen en angustia y desesperación si no incorporan la sustancia, acción de la cual depende su inestable equilibrio psíquico. Este último expresa sus profundos vacíos y carencias psico-emocionales y sociales; la infinita decepción y desconfianza de sus vínculos originarios; su desesperanza en el horizonte proyectivo, asimismo, el rechazo a los valores familiares y culturales, cuna de su constitución psíquica.

 

El malestar del consumidor problemático de sustancias toxicas legales (fármacos, alcohol) e ilegales (drogas) enuncia encubiertamente la dificultad para simbolizar “tortuosos desprendimientos y separaciones”, pérdidas traumáticas que no ha podido elaborar. La subjetividad adictiva puede abusarse en el consumo de cualquier sustancia e incluso paradójicamente hacer un dramático abuso del no consumo como ocurre en la anorexia. El consumo tóxico aleja al sujeto de la elaboración de lo ausente, dificulta su elaboración, ocluye lo simbólico, es un “objeto antiduelo” (Abadi S. 1984)

 

Sumemos a lo mencionado, que el joven coyunturalmente se encuentra ante el dilema de  resolver una compleja paradoja implicada en su intento de inclusión social; por un lado el mensaje dominante del empuje del/al mercado hacia el consumo indiscriminado y abusivo, y al mismo tiempo, no ser juzgado y estigmatizado en sus deslices, arduo trabajo de inserción en el mundo adulto. El joven puede expresar con el consumo de drogas el modo de integrarse a un grupo, al mismo tiempo, su rebeldía,  su transgresión y violencia contra los adultos y contra el sistema que sustentan. Oposicionismo rebelde que es manifestación y parte del proceso juvenil de integración social. Del hacerse un lugar auténticamente propio.

 

Si la sociedad ubica a “la droga” como parte de la cultura juvenil pueden entenderse ciertos desplazamientos imaginarios: si el problema no es el sujeto sino “la sustancia”, entonces se articulan: Droga-desviación; Droga-delincuente. Ecuaciones socio-culturales que pueden arraigarse y constituirse en verdades absolutas y sostenidas por el entretejido social. Así nos deslizamos de la problemática psicosocial a la problemática moral y entonces, como diría M. Foucault, parece que hay que controlar, “vigilar y castigar”.

 

 

 

 

Bibliografía:

 

 

 

·         Abadi S., Adolescencia y droga: un síntoma de la cultura. Revista de Psicoanálisis de APA  N° 47 ( 4),  Buenos Aires 1990 

·         Abadi S., Adicción; la eterna repetición de un desencuentro. Revista de Psicoanálisis APA N° 41. Buenos Aires.1984.

·         Castoriadis C, La institución imaginaria de la sociedad. Vol. II. El imaginario social y la sociedad. Cáp. VI y VII. Tusquets Editores, Barcelona, 1989. Tusquets Editores, Argentina, 1993.

·         Castoriadis C. Entrevista Rev. Nouveau Politis n° 434, (1997). Francia.  Rev. Topía. Buenos Aires, 1999.

  • Duek D., Quevedo S., Toxicomanías en la juventud de la sociedad actual. Inédito. Trabajo presentado en Jornada de la Cátedra de Psicología Evolutiva Adolescencia cat. II. Publicación interna Practica Profesional. Buenos Aires, 2010.

·         Freud S, El malestar en la cultura. Cap. II. (1930). O. C. Amorrortu Ed, Buenos Aires. 1976.

·         Freud S, Psicología de las masas y análisis del yo. (1921) O.C. Amorrortu Ed. Buenos Aires.1976.

  • Foucault M., Vigilar y Castigar. Ed. Siglo Veintiuno, 1975

 

  • González Zorrilla C., Drogas y control social. Rev. Poder y Control N° 2. Barcelona. 1987.

 

  • Lewcovicz I. Subjetividad adictiva: un tipo psico-social históricamente instituido. Revista de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Tomo XXI, N° 1, Buenos Aires, 1998.


El consumo de alcohol en la adolescencia
10.10.2012

Adolescencia: tiempo de búsqueda de identidad, donde se pierde ese cuerpo de niño/a y los atormenta una catarata de sensaciones, el acceso a la sexualidad, al encuentro con el otro sexo, situaciones que lo angustia y además se les impone el mandato social y el empuje a la libertad sexual. Ante este estado de situación el adolescente se encuentra vulnerable, casi niño, angustiado y todavía sin las herramientas necesarias para hacer frente a estos requerimientos,  por lo que el alcohol se presenta como una máscara, como armadura para poder presentarse sin desvanecerse (aparentemente), sin que se note su timidez y sus lágrimas. Además, el alcohol,  funciona como unión y lazo social entre sus pares, en las previas con la ingesta de alcohol en grupo, se arman, se potencian, se sienten indestructibles aunque el resultado sea que no pueden acercarse y relacionarse con el otro sexo o lo hacen en forma deficitaria por los efectos del alcohol. Las sustancias incorporadas por ej. el alcohol introducen cambios en la percepción de la realidad y ante una realidad tan cambiante, desordenada y descontrolada característica de este período de la vida (la adolescencia) el alcohol les aporta el aturdimiento necesario para evitar el dolor y el displacer. Las mismas hormonas que los desvela sexualmente,  les aporta también fuertes estímulos. La explosión fisiológica obnubila los reflejos autodefensivos, minimiza los riesgos y no les permite actuar con prudencia, de aquí que la adolescencia sea un período tan proclive a los excesos y los accidentes. Se convierten en protagonistas de accidentes (por ej. Automovilísticos) donde queda estrellada su indestructibilidad a cientos de km de velocidad.

Estos estímulos los hace dejarse llevar por una especie de omnipotencia que los aleja de la enfermedad y la muerte. En otros tiempos, años atrás, la previa consistía “hacer rostro” en la puerta del boliche lo que funcionaba como una preparación para la seducción, aunque después bailaran las chicas con las chicas sin acercarse unos a otros o transar con varios para después huir, lo que dejaba de manifiesto la dificultad del encuentro en esta etapa. Ahora las previas son el consumo excesivo de alcohol, y terminan tirados, vomitando, dificultando el encuentro con el otro sexo que siempre es angustiante pero poniendo en riesgo sus vidas. ¿Por que el alcohol como protagonista? Porque su consumo es socialmente aceptado, por el bombardeo mediático (avisos publicitarios) que presenta la ingesta del lado de la felicidad, la belleza y el éxito. Tiempo difícil la adolescencia sobre todo en un tiempo de autoridad caída, del vale todo. Tiempo difícil para los padres de adolescentes donde todo es rápido, vertiginoso y ellos, los adolescentes,  piden a gritos tiempo, palabras y acompañamiento pero también límites a esta omnipotencia,  que les permita incorporar la nueva realidad.
Ayer niños y hoy empujados prematuramente a la sexualidad y al éxito, donde un posible fracaso los enfrentaría con la posibilidad de la pérdida de amor de sus referentes (padres) quienes funcionaron como garantes y protectores. El pasaje a la vida adulta implica tomar riesgos, definir sus intereses e independizarse y esto lleva tiempo y un proceso en el que es necesario “acompañar y ayudar a transitar”.  Un espacio analítico brinda al adolescente la posibilidad de comenzar a desprenderse del amparo de los padres para poder responsabilizarse por sus decisiones  e intereses, lo que les permitirá atreverse a correr los riesgos que implican las propias elecciones.


Pediatras y psicólogos: dupla vital para la salud de nuestros hijos
12.06.2012

Es propósito de este articulo reflexionar sobre la importancia de realizar una consulta psicológica  a tiempo, como así también resaltar  la responsabilidad profesional del construir y ofrecer a los padres un diagnostico diferencial claro,  que dé cuenta sobre lo que está aconteciendo   en  la subjetividad de ese niño/a,  esclareciendo además cuáles son los obstáculos que éste encuentra para crecer saludablemente. 

 

Pediatras y Psicólogos deberíamos conformar  la dupla necesaria y vital de consulta en los tiempos de la infancia y la niñez, realizando intervenciones  en salud y no solo cuando se ha instalado un síntoma, una enfermedad.

 

En tiempos de la infancia y la niñez la intervención temprana, es una de las herramientas más valiosas  para la prevención;  no obstante, diversos factores pueden influir para que los padres o familiares cercanos a un niño no consideren a la Psicología como una disciplina a la que acudirían de igual manera que lo hacen al asistir al pediatra, neurólogo u otros profesionales del ámbito médico.

 

Es preciso destacar que el psicoanálisis  que aborda los tiempos de la infancia, la niñez y adolescencia, se sostiene con un cuerpo  teórico y clínico específico, distinto y suplementario   a los presupuestos del psicoanálisis clásico de adultos, ya que desde la exclusividad de  éste, no es posible entender la complejidad de lo que sucede con aquellos (infante, niño, adolescente). El psicoanálisis que se acerca al niño se diferencia del   que a partir del adulto reconstruye el niño que fue.  La clínica con niños esta junto a un niño que nos dice por sí mismo como es su niñez, lo mismo acontece con los adolescentes.

 

Es necesario dejar en claro que el saber con el que se contaba antes de la emergencia del psicoanálisis con niños no alcanzaba para comprender la psicopatología de la niñez, menos aun para entender como un niño llega a apropiarse de su ser, de aquello que preferimos llamar su subjetividad.  

 

Seguramente podríamos afirmar con cierta certeza, que ante la presencia de una molestia o dolor que un bebé o niño presentara en su organismo, los padres no dudarían en acudir a la consulta con el pediatra, Si el dolor persistiera, la preocupación generaría una nueva consulta y así hasta que el  alivio aconteciera.

 

¿Por qué esa batería, esa red de búsqueda e interconsulta frecuentemente no incluye a la psicología?

Destaco una especificidad propia de la infancia,   para alejar cualquier duda “adultocentrista”; pensemos cómo ciertas patologías son propias de los inicios de la vida y no suceden en ningún otro momento  de la misma, es decir su emergencia es exclusiva de la infancia.

 

Es precisamente, dicha especificidad, la que nos ha permitido  acercarnos a entender los procesos  asociados,  al uso de sustancias tóxicas (adicciones), la vivencia atroz del cuerpo con  agujeros, al que se lo intenta restituir  a través del consumo. Cuerpo abierto, desgarrado, desubjetivado experiencia también presente en los Trastornos de la Alimentación.  El acercamiento al estudio del niño con autismo, la consideración del uso de los “Objetos duros de sensación”,  con los que  intenta armar fallidamente una superficie continua de cuerpo, una coraza que los proteja de los estímulos del medio que los rodea, nos lleva a comprender como su uso masivo aleja al niño como al adicto a las relaciones con los otros y con el mundo que lo rodea.   

 

Es importante marcar que un psicoanalista de niños no solo trabaja con niños, por el contrario para poder trabajar con niños  y adolescentes  tiene que conocer y  haber trabajado con adultos, por lo tanto aquí una inflexión: No todo psicoanalista que trabaja con adultos trabaja con niños, pero quien trabaja con niños tiene que saber trabajar con adultos.

 

Es claro que, el saber que la psiquiatría o la psicología han logrado sobre las Fobias, Trastornos Obsesivos Compulsivos  y Depresiones, entre otras patologías de la edad adulta, es insuficiente para pensar los mismos cuadros clínicos cuando acontecen en la infancia,  adolescencia.  Del mismo modo, vale la pena repensar lo Impreciso del uso de siglas, cuya utilización muchas veces es inadecuada  y masiva. TGD, por ejemplo, Trastornos Generalizados del Desarrollo, muchos de ellos con el subtítulo, no especificado. Aquí, una precisión, es conveniente la consideración  del pasaje de lo singular clasificatorio del Síndrome del Autismo Infantil a la categoría de AUTISMO DE LA INFANCIA, máxime, teniendo en cuenta que es la  patología más temprana en tanto acontece en los momentos iniciales de la vida. 

 

Si de autismo(s) hablamos, nos encontramos con un niño que no puede disponer de una boca para hablar, para comunicarse; manifiesta una posición oposicionista  a entrar en contacto con quienes lo rodean, a  sonreír ante la presencia del rostro materno,  tampoco logra amoldarse a los brazos de ella. Las necesidades básicas para la vida no logran constituirse en rutinas armónicas. Panorama frente al que los padres se sienten desconcertados, llegando a pensar incluso que su hijo nos lo quiere…,   todo en  él nos dice que su proceso de crecimiento, se encuentra en serios problemas, pero cada niño produce en sus manifestaciones algo que le es propio, que es irreductible a la generalización de una sigla clasificatoria como el T.G.D.

 

En cuanto a la consideración del tratamiento,  pueden hallarse distintas posiciones, algunas  en claro enfrentamiento,  intentando atribuirse un saber sobre el síndrome y una clínica específica.

 

La psiquiatría, la neurología, la biología, la psicología, la fonoaudiología y tantas otras disciplinas hablan, por suerte pueden hacerlo, lo lamentable es cuando algunos profesionales sostienen su práctica bajo la lupa de la oposición binaria, descartando lo que otros pueden aportar. Dejaré para otro momento fluir la letra sobre el particular, no sin antes de recordar que la oposición cuerpo mente o  patología orgánica vs psicógena, empobrece,  es iatrogénica, mutilante y hace perder tiempos preciosos que inciden en la recuperación de un estado saludable.

 

Retomando  el aporte de la clínica y teoría propias de la infancia, la niñez y la adolescencia, es pertinente aludir a una reflexión sobre el sujeto al que se refieren, desde un marco no necesariamente psicopatológico.  De ahí que, “Su majestad el bebe” deba trabajar arduamente para llegar a Ser una Niña/o. Descorramos del horizonte que una niña/o es lo producido de la sola acción o deseo de  los padres. Desde la cuna misma tendrá que ligar el cuerpo (real) biológico a un cuerpo libidinal, a solas no podrá, sería imposible,  necesita de la voz materna y la de su entorno que le hable acerca del placer que experimentan de que haya nacido, de lo lindo e importante que es para ellos contar con él, suponerle capacidades de pensamiento similares a los de la madre y del padre;  la madre hace referencia  a un niño que le habla, en ese intercambio existen un uno y un otro activos.  

 

Actividad, la del niño, que pronto devendrá en juego. Si bien, es deseable  que un niño pueda jugar, es más importante aun que lo haga con alegría y por el jugar en sí mismo. Un niño no juega necesariamente para reparar alguna experiencia de dolor, o para elaborar activamente lo sufrido pasivamente, juega porque es el bien privilegiado con el cuenta para construir su subjetividad, su identidad, su salud.

 

Un apartado del libro de Antoine de Saint-Exupéry, El principito, nos puede acompañar para hacer más comprensible  el trabajo de crecer con el que el infans se confronta.

 

Qué le pide el zorro al principito? que siendo un zorro igual a todos los otros zorros lo ayude a ser a su vez uno diferente a cualquier otro zorro,

-dijo el Principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”?

-¡Ah!…, es una cosa muy olvidada -respondió el zorro-. Significa “crear lazos”.

-¿Crear lazos?-preguntó el Principito.

-Así es -confirmó el zorro- Tú para mí, no eres más que un jovencito semejante a cien mil muchachitos.     Además, no te necesito. Tampoco tú a mí. No soy para ti más que un zorro parecido a cien mil zorros. En cambio, si me domesticas…, sentiremos necesidad uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo.

 

Tomo aquí el domesticar como la creación de lazos de afectos y no como el  sometimiento de uno por otro.  El zorro al igual que el bebé a solas no puede, necesita de otros privilegiados que lo ayuden, que lo acunen, lo acaricien, lo piensen, que le confieran la capacidad de ser el mismo. 

 

Resaltando el valor del vínculo, del lazo y su incidencia en la salud del niño,  pensemos en un bebé al poco tiempo de haber nacido,  como la mamá puede hablarle y decirle: estas contento!, ya te diste cuenta que es la hora que llega papá. Al llegar el padre, la madre le dice te estaba esperando, se dio cuenta que ya venias.

 

¿Es posible para el bebé esa lógica de pensamiento? No. La madre le confiere una capacidad que aun por sí mismo el bebé no tiene, pero al verlo como tal, lo ayuda a que pueda crecer e ir siendo y haciéndose.

 

Pero he aquí en lo que la madre, como otro privilegiado le confiere a su bebé, en donde el niño encuentra la continuidad de su vivir. Sin más, cabe afirmar que fallas en el vínculo  irán dejando marcas  que cuentan con la potencialidad de ser la base para la constitución futura de  un síntoma, claro, dependerá también de lo que el niño pueda hacer ante ese fallo. 

 

Ante un pedido de consulta, el pediatra centrará su mirada sobre el crecimiento de ese bebé, pero desde unos parámetros preestablecidos, cuantificables, propios de su saber, averiguará entonces, por los ritmos de la alimentación, vigilia-sueño, peso etc. Quizá también podrá preguntar sobre la forma en la cual la madre acuna a su bebe, pero no obedece a su formación pesquisar cómo juega, indagar sobre la alegría que experimenta o no al hacerlo, sobre las marcas que deja la existencia del bebé en la casa. Allí encuentra su total pertinencia el ámbito psi y su quehacer clínico en aras de la prevención, no como saber opuesto, diferente al fin, y en todo caso suplementario. 

 

Por la diversidad de puntos de vista, por la diferencia en pensar cómo crece un niño, se hace necesario sostener a plena voz,   la necesidad del trabajo en conjunto entre el pediatra y el psicólogo. La interconsulta a tiempo  con el  psicóloga/o, cuando un bebé presenta dificultades para comer, para dormir,  cuando los padres lo ven demasiado tranquilo, cuando sienten que algo no anda bien.

 

Interconsultar no es condición de la necesidad de comenzar una terapia psicológica.  Solo por cuestiones de espacio en la nota,  la referencia es al bebé, pero igual correspondencia sostengo en las niña/os, adolescentes y adultos. La diferencia sustancial es que los bebés, los niños y los adolescentes,  no pueden llegar por sí mismos, es la decisión de sus padres.

 

He aquí la necesidad de remarcar que consultar a un psicólogo no es un  acto de fe, lejos estamos de pensar en nuestro país que aquellos que van a psicólogo o al psiquiatra son Locos. Quien lo siga afirmando que arroje la primer piedra.

 

He tratado de sostener el por qué consultar, pero qué se puede esperar cuando la entrevista se lleva a cabo? aquí merece un párrafo aparte  el diagnostico psicológico.

 

A lo largo de mi  experiencia profesional, como docente y supervisor en la Universidad de Buenos Aires, pude encontrar en repetidas oportunidades que  muchos padres llegan a las primeras entrevistas, luego de haber sostenido tratamientos anteriores, sin saber por qué sus hijos fueron tratados. O no les dijo el profesional, o lo que les fue dicho no lo entendieron.

 

El diagnostico es necesario como herramienta que guie el trabajo de una terapia, debe ser dicho en forma tal, donde los padres puedan comprender qué es lo que le pasa a su hija/o,   necesariamente va tener que incluir una dimensión particular que es el crecimiento, es decir la propulsión a la salud que los niños tienen. Recordemos que estamos interviniendo en el momento mismo donde los procesos psíquicos se están produciendo. De ahí la importancia de no demorar la consulta, cuanto antes tengan lugar las intervenciones se reducirán las marcas y los daños en los procesos psicológicos.

 

Por lo tanto, a la categoría diagnóstica y al diagnóstico en psicoanálisis vamos a tener que introducirle y tener muy presente, aquello que es inherente  a  la situación del crecimiento. Y esto nos va a llevar a pensar desde qué posición vamos a sostener el diagnóstico y desde qué lugar vamos a pensar la clínica de niños. Con qué teorías o con qué marcos teóricos nos vamos a sostener. Vamos  a tener que pensar que trabajar con un niño no es solamente trabajar con él porque un niño está inserto en un medio, donde la incidencia del ambiente establece variables y consideraciones particulares en las que ese niño crece y desde las que puede ser facilitado o no  ese crecimiento. Por lo tanto vamos a encontrar que el abordaje con niños no es una clínica menor, que no es más, ni menos fácil, que no difiere en la complejidad con la de los adultos, sino por lo contrario. 

 

Es responsabilidad de todos los profesionales, descentrarnos del ostracismo de nuestro saber,   construir en la práctica aquello que desde el discurso se sostiene, no hay un niño de la pediatría, otro de la neurología, de la psiquiatría, de la psicología, de fonoaudiología o de tantas otras disciplinas. Hay uno y solo un niño que puede estar pasando por  dificultades. Es ese nuestro compromiso ético y clínico.

 

Han quedado varios temas a partir de estas líneas introductorias, seguramente a partir del interés de Uds. el dialogo que propongo hallará continuidad. 


Familias diversas
30.09.2011

Familias nucleares, familias extensas, familias ensambladas, familias monoparentales, familias homoparentales, familias de sangre, familias de elección, familias paralelas... y la lista podría continuar.


Familia en una de las acepciones de la palabra, implica un grupo de personas emparentadas entre sí, que tienen vínculos sanguíneos, antecesores en común, descendientes, o colaterales afines de un linaje. También se puede entender la familia como un grupo de personas que viven juntas y se eligen, aunque no haya parentesco entre ellas. Familia también se puede entender como la adjudicación de unos hijos a unos padres o unos padres a unos hijos. "Estos hijos son de estos padres"


Diverso implica diferente entre si, desemejante, de naturaleza desigual. Tiene que ver con la variabilidad, con las formas que puede adquirir una cosa. Las familias tienen distintas maneras de constituirse, de reunirse y de separarse.


Los hombres y las mujeres desde la prehistoria son seres gregarios, se agrupan, para protegerse, nutrirse, reproducirse, brindarse afecto. La cultura donde se forma una familia, determina las relaciones entre los miembros, los ritos de inicio, de búsqueda de pareja, de crianza de los hijos, de terminación de cada grupo, por muerte o separación.


En Grecia antigua, por ejemplo, dentro de las clases más altas, el matrimonio era una formalidad, la mujer permanecía en la casa casi en un estado de reclusión, cuidando de los hijos, y haciéndose cargo del hogar. Los hombres tenían una vida pública, iban a las plazas a ejercer la política, y les estaba permitida la infidelidad, ya sea con heteras o con jóvenes en vínculos homosexuales, generalmente sus discípulos en filosofía o en artes. La disociación entre mujer prostituta para el placer, y madre en el hogar, que iba a caracterizar a la época victoriana, ya se encontraba en germen en la familia aristocrática de Atenas.


En el mundo musulmán también se permite la poligamia del hombre, no de la mujer, pero con la formación de vínculos estables, un hombre puede tener tantas esposas como las que pueda mantener, y debe mantener los hijos de todas. Son familias con un padre, varias madres y varios hijos, todos conviviendo bajo un mismo techo, sería muy interesante conocer los avatares de familias tan distintas a las que estamos acostumbrados...


El cristianismo a su vez, planteó una familia monogámica, heterosexual, con vínculos de por vida, desde el momento del casamiento hasta la muerte, sin posibilidad de relaciones sexuales prematrimoniales ni extramatrimoniales.


La constitución de la familia, tiene que ver con una cultura determinada, con valores trasmitidos por generaciones dentro de la familia de cada uno, y con una elección personal.


"La familia es la base de la sociedad..."


Familias determinadas forman sociedades determinadas, y sociedades determinadas, ofrecen sus modelos de estructuras familiares, como lo ideal, implicándose mutuamente.


En nuestra sociedad occidental y cristiana, (o accidental y cretina, depende la óptica de cada uno), el modelo familiar hegemónico se constituyo en padre, madre e hijos de ambos, este modelo de familia nuclear, era lo único posible, aceptado, legal, válido, que se podía llegar a construir como proyecto.


No había que pensar demasiado, simplemente se constituía en lo "mejor" para cualquier adulto. Era, en la mayoría de los casos, el proyecto por excelencia para las mujeres, muchas veces el único que importaba, dado que no tenían la posibilidad de estudiar ni trabajar fuera del hogar, ni de insertarse socialmente estando solas. También funcionaba como oportunidad de ascenso social ("casarse bien") era garantizar la salida de la pobreza, o el aumento de las riquezas. Casarse era un negocio... el amor no importaba. Casarse era un seguro... o lo más seguro. Una vez casados, venían todos los hijos que sean, donde el único método anticonceptivo era la abstinencia, "método antiguo, poco agradable, para evitar la procreación" al decir de Les Luthiers.


También se podía disfrutar del método de Ogino Knauss, con días que si y días que no, que marcaba los almanaques secretos de las parejas, días tachados por menstruación u ovulación, y días viva la vida...


Pero la ciencia hizo lo suyo... con la mejora de los métodos anticonceptivos la familia nuclear se modificó dialécticamente, desde su interior. La pareja y, en particular la mujer podían elegir, activamente, el número de hijos y los momentos adecuados para cada nacimiento. Salud reproductiva y procreación responsable ofrecen como ideal, tener todos los hijos que se quiera y ninguno de los que no se quiera, además de no enfermarse por mantener relaciones sexuales.

Eva no quiere ser para Adán
La paridora pagada con pan
Eva prefiere también parir
Pero después escoger donde ir
Silvio Rodríguez


Al tener la posibilidad de controlar la natalidad, la mujer puede elegir otros proyectos, y se posiciona de un forma nueva dentro de la realidad familiar, puede trabajar, estudiar, sostener económicamente el hogar.


La familia nuclear, como única posibilidad, casi como un destino, como algo legislado desde afuera, desde los propios padres o la sociedad en su conjunto, no daba lugar a la espontaneidad, a la modificación de los afectos o al fin del amor. Esta situación tan rígida, a veces, generaba una doble moral, una familia-fachada, para afuera, y una familia real hacia adentro, donde muchas veces la pareja ya no existía, pero se sostenía en silencio y soledad.


..."Hombre amoral
De gran moral
Quiere exigir que sean perfectos.
El, en su hogar es ejemplar,
Es su virtud ser un hombre honesto
Cuando sale de su casa
Se termina la función
Hace todo lo contrario
Que a sus hijos demostró"...
Vivencia


Esto propiciaba la disociación entre lo erótico y lo tierno, entre una mujer "afuera de casa", que permita y encienda el deseo, y otra mujer "dentro de casa" que sea la compañera y la que educa bien a los hijos. Algo de la antigua Atenas sigue funcionando en el siglo XXI. Esta disociación, entre aspectos de uno mismo, una parte de una persona crece y se expresa afuera, otra parte de la misma persona, florece y hace fruto dentro del hogar... no es sin consecuencias para el funcionamiento psíquico. Hay dolor, hay síntomas...


Las muchas familias que vivían estas situaciones no pudieron soportar o sostener esas formas de vivir y se fueron instaurando separaciones primero y divorcio después.


La cultura de blanquear, de no sostener situaciones inauténticas, de aceptar que algo no funciona mas, y que uno mismo se merece estar bien con otro, aunque haya que cambiar a ese otro, hizo de disminuya la culpa al momento de separarse-divorciarse. Surgen así las familias monoparentales, (antes solo existían con la viudez) o sea formadas por uno solo de los padres con sus hijos. Mujeres y hombres deciden continuar un buen vínculo con sus hijos pero no por eso, pagar el precio de parejas indeseadas.


La familia monoparental, puede estar del vamos están formadas por madres solas, con padres huidizos, paralizados por sus miedos y sin querer responsabilizarse de sus frutos, de aquello que los va a continuar.


Genitores, fecundadores, sementales, hombres que no quieren estar esas noches que los chicos tienen fiebre, padres "yo no fui". Y también hay madres "yo no fui". Padres o madres que no pueden, no saben, no se animan, no se acuerdan... y delegan sus responsabilidades en otro...


Pero la familia monoparental también aparece como una elección desde el comienzo, mujeres que quieren un hijo pero no un hombre al lado.

"Eva no quiere vestir de tul
Eva no cree en un príncipe azul
Eva no intenta falso papel
El fruto es suyo
Con padre o sin él
Eva se enfrenta al "que dirán"
Firme al timón, como buen capitán
Y encoge hombros a Adán."
Silvio Rodríguez


Pero los y las divorciadas volvieron a enamorarse, el amor insiste... vuelve, no respecta lugar y tiempo... y otra vez quisieron de nuevo vivir junto a alguien, otra ver creer y crecer junto a otro, Así hicieron su aparición las familias ensambladas, hace varias décadas, familias con hijos de él o de ella, otras veces de ambos, que buscan nuevos equilibrios y oportunidades. Nuevas parejas, luego de un divorcio, generan nuevos desafíos a la subjetividad. Empezar de nuevo, elegirse, no cometer los mismos errores, no mezclar las cosas... ser uno mismo en una nueva familia...


Pero la diversidad también tiene que ver con elegir alguien muy parecido a uno mismo.

"Mujeres en cuerpos de caballeros
Caballeros en cuerpos de mujeres
Ambiguos militantes del deseo
Que son simplemente diferentes...

...y aman así, amar porque si
De la forma que sea, de cualquier manera,
Amar para sobrevivir..."
Pablo Fernandez


La homosexualidad se consideró una perversión desde la psiquiatría, que funcionaba como modelo médico hegemónico, esto tenía un correlato legal, que no permitía los matrimonios de personas del mismo sexo, menos aún la crianza de niños o la adopción. Fue necesario quitar el rótulo de enfermedad o desviación de la norma para poder pensar lo diferente, las muy distintas formas que siente o se siente un sujeto en las sucesivas construcciones y deconstrucciones de las cuales es su propio objeto.


Las familias homoparentales están formadas por parejas gays o lesbianas que, por ejemplo, formaron una familia heterosexual, tuvieron hijos y luego, modificaron profundamente su subjetividad, se encontraron amando a alguien de su mismo sexo, algo totalmente impensado tiempo atrás.


Estas personas pasan generalmente por dilemas éticos, lo que siempre fue valido ya no lo es. Su personalidad sufrió una de las mutaciones más importantes de su vida. Aman a sus hijos como siempre y necesitan sincerarse, decir lo que les pasa y como quieren construir el resto de sus vidas.


En otras ocasiones la elección homosexual fue temprana y nunca hubo parejas heterosexuales. En estas parejas surge el deseo de hijo, que puede ser por adopción, aunque en nuestro país no está contemplado. Los avances de la medicina vuelven a patear el tablero y a ofrecer a parejas homosexuales la posibilidad de tener hijos propios.


Mujeres lesbianas pueden recurrir a donantes de semen, anónimos o no, ser asistidas en la fertilización y ser madres, aunque en lo biológico una sola lo es. En cuanto a los gays, para ser padres con las nuevas técnicas necesitan no solo la ovodonación sino un vientre que sostenga el embarazo. Estas nuevas posibilidades generan nuevos dificultades, como ser madre genética, madre de la panza, madre adoptiva, etc. Quién es quién en los nuevos mapas familiares...


Estos temas generan nuevos debates bioéticos, legales y de la sociedad en su conjunto, dado que las nuevas formas de familia, que ya existen, no tienen nominaciones para sus miembros. Las personas, las familias y las sociedades cambian mas rápido que las leyes que las regulan, y el Código Civil, que escribió Vélez Sarsfield, no está a la altura de las circunstancias. Desconocemos, y es un buen ejercicio para la imaginación, pensar qué habría escrito Aristóteles, si los gays de aquellos tiempos no hubiesen necesitado mujeres recluidas en las lujosas casas atenienses, para ser padres... Seguramente, nos habría llegado una ética de la virtud, diferente.


Pero las familias no tienen que ver sólo con lo genético, lo generacional, con los padres biológicos, siempre hay una elección, una adopción de los vínculos. Por ejemplo los niños de la calle, niños pequeños, con biografías terribles, inenarrables, optan por la calle pues les parece algo más acogedor, menos violento, que su familia biológica. Forman y conforman familias en el aquí y ahora, con los que están, los hermanos se eligen cuando "demuestran" serlo, desde la experiencia, no cualquiera es hermano.


Esta clase de familia, sin correlato legal, genera una hermandad, como algo elegido entre los pares.


Niños que cuidan niños, niños que enseñan, que transmiten, que protegen, niños cuidadores que calzan 33, niños cuidados que calzan 27.


Responsables sin reconocimiento social, pero que le cierran la campera al más chiquito cuando se levanta el viento en la avenida.


Chicos solos de grandes, hermanos adoptados de hecho, cada uno sabe quien es su hermano, cuando de padres... ni hablemos. Son familia de hecho, familias narradas, familia del discurso, como todas las anteriores.


El respeto al derecho ajeno es la paz...


Conocer las diversas formas de constitución familiar, nos exige, nos empuja fronteras ideológicas, cuestiona prejuicios. Pensar lo propio como una virtud, calma, tranquiliza pero nos puede adormecer en una indigencia ética.


La diversidad, implica aceptar que lo diferente pueda ser tan valioso como lo semejante.


Los modelos únicos sólo permiten la exclusión de lo diferente. Y la exclusión lleva a la expulsión que es el fundamento de cualquier discriminación. En el prejuicio el "no" es acrítico y es punto de partida y de llegada, no tiene movimiento. Permitirse pensar, poner en duda lo que ayer era seguro, permitirse cambiar actitudes y seguir siendo uno mismo, es un esfuerzo que no cualquiera se atreve a vivir. Un "no" inicial se puede transformar en un "sí" o en un nuevo "no" fundamentado, que nunca es el mismo "no" del comienzo.


Lo nuevo en las familias, desde métodos contraceptivos, fertilización asistida, o maternidad en parejas lesbianas cuestiona la ética de cada uno, aquello que entendía en su fuero interno si estaba bien o mal, si era correcto o incorrecto. Las respuestas son privadas, o privadísimas, de cada sujeto, son construcciones por hacer. Son puntos de llegada, al menos por hoy. Respetar los derechos de los semejantes y desemejantes posiciona a cada uno en el lugar de la tolerancia.


La familia nuclear funciono como la modalidad dominante de agruparse, las demás formas de familia eran proscriptas, y se vivían en ocultamiento En realidad estas distintas familias existieron siempre, más o menos escondidas o disfrazadas, más o menos permitidas o blanqueadas lo que se modificó es nuestra posibilidad de pensarlas



Bibliografía

- Diccionario de la Real Academia Española
- Droeven Juana (comp). "Sangre o elección, construcción
fraterna". Ed. Libros del zorzal 2002.
- Czernikowski, Esther, compiladores. "Entre hermanos. Sentido y efectos del vínculo fraterno". Lugar Editorial.
- Gomel Silvia "Transmisión generacional, familia y subjetividad". Lugar Editorial.
- Jonson Suzanne, O`Connor Elizabeth: "Madres lesbianas" Ed. Lumen Bs. As. 2005
- Aristóteles "Ética". Ed. Libertador. Bs. As. 2003
- Freud. Obras completas. Ed. Amorrortu.
- Carodet Anne: "Padres como los demás, homosexualidad y parentesco."
- Ed. Gedisa. Impreso en España 2003.
- Szwarstein Jaime: "Del devenir diverso de una familia en terapia" Jornadas 25-08-2001
- Margules Paula. "Brújula al sur" Ed. Emecé editores. Bs.As. 2000
- Rodríguez Silvio: "Eva" CD "Oh melancolía"
- Vivencia: "Hombre amoral"
- Fernandez Pablo: "Militantes del deseo"


Síndrome de Münchausen
20.09.2011

En un artículo anterior, el Lic. Rolon había planteado la existencia de ciertas formas patológicas del amor. Expresaba cómo en algunas parejas, la obsesión por el otro se transformaba en una dependencia vital. Estas relaciones, que la psicoanalista francesa Piera Aulagnier, llamaba relaciones pasionales, se caracterizan por la asimetría del vínculo. Uno es objeto para el otro, objeto de necesidad no de amor, por lo tanto, ya no hay "pareja", hay asimetría, no hay reconocimiento del semejante.


Una variedad patológica, muy poco frecuente, pero que se presenta podríamos decir, bajo las máscaras del amor, es el denominado Síndrome de Münchausen. Decimos bajo las máscaras del amor, pues en realidad es una de las formas del abuso o maltrato infantil, en este caso se denomina Síndrome de Münchausen por proximidad o poder.


También los adultos pueden padecer este extraño y poco frecuente trastorno.


¿De qué se trata este síndrome?


Fue descripto por primera vez por el Dr. Asher en el año 1951, en un artículo publicado en la revista Lancet, donde señalaba a partir de la recopilación de una serie de casos estudiados por él, la rareza de este fenómeno y sus extrañas presentaciones clínicas. Mas tarde, en 1977, el Dr. Meadow, R., escribe un artículo llamado Síndrome de Münchausen por proximidad, basado en la relación abusiva de un adulto con un niño en función de que aquel, ocupa un lugar de poder en la relación.


Señalan estos autores que la presentación de este cuadro clínico en los niños, se caracteriza por que, generalmente la madre, lleva al niño al hospital demandando atención especializada, requiriendo múltiples y complejos estudios, para descubrir la índole de la enfermedad que aqueja a su hijo y de la cual ella afirma que debe responder a alguna enfermedad, sea esta conocida o no.


La madre es colaboradora con el personal hospitalario, es afectuosa, se presenta con un esmero y cuidado por el niño fuera de lo común, con lo que aparentemente es una verdadera preocupación por la salud del niño, sin embargo no hay angustia.


La diversidad de síntomas físicos y psíquicos que padecen estos niños, pudiendo ser estos reales a artificiales, presentan como nota distintiva que la aparición de los mismos, es creada o inducida por la madre. Es decir, los síntomas se vinculan directamente a su presencia o ausencia, mejoran o desaparecen en ausencia de la madre, y vuelven a aparecer en presencia de esta.


Suele suceder que el conjunto de síntomas no se ajuste a ningún cuadro médico conocido, o por el contrario, del relato de los padres la enfermedad sea casi de manual. Esto obliga naturalmente de parte de los médicos a tomar los recaudos necesarios para determinar un diagnóstico, aunque generalmente no se logra dar con un claro cuadro de la enfermedad. Tal situación, plantea la posibilidad de que la enfermedad sea ficticia. Con esto queremos decir que desde el paradigma médico, no existe patología orgánica alguna en la cual el cuerpo esté comprometido. De aquí, que la intervención deba apuntar hacia otras formas de tratamiento.


Comienza así la sospecha que la naturaleza de la enfermedad transcurre por el carril de lo psicológico o psiquiátrico, y que el niño es víctima de una forma de vínculo con la madre, en la cual ella induce o crea los síntomas por los cuales dice que el niño sufre. Se vislumbra así en el horizonte diagnóstico la posibilidad del abuso o maltrato infantil.


Cuando esto es advertido por los padres, la posición de los mismos cambia. Ya no desean que el niño sea atendido, plantean que los médicos carecen de pericia para saber que les pasa, y de aquella extraña devoción, amor y cuidado que solían manifestar por su hijo, se pasa a una desconfianza paranoide, donde ante la derivación al servicio de psiquiatría o psicopatología, utilizan la misma como excusa para emprender la huída e ir a consultar en otro lugar, transformándose esto en una interminable carrera hospitalaria sin posibilidad de que adviertan su implicación en la patología del niño.


La existencia real de síntomas en el cuerpo, no basta o no es suficiente para determinar la existencia de patología médica. Los médicos, como ningún otro profesional de la salud, pueden estar completamente seguros de que no hay enfermedad, por lo cual la problemática ética en estos casos, se instala en el mismo seno del saber profesional.


Esto plantea a veces el problema de la verdadera enfermedad, es decir, ¿el paciente está enfermo? Tal sucedía en el S. XIX con la histérica, a la cual se acusaba de simuladora, ya que no había en sus síntomas ninguna referencia verificable en el orden anátomo patológico.


Sabemos que la histeria presenta estos síntomas en el cuerpo en la forma conversiva, es decir un conflicto psíquico se transmuta en el cuerpo, por ejemplo en vómitos, dolores de cabeza, mareos, etc. Sin embargo, los síntomas que se presentan en el Síndrome de Münchausen son completamente distintos, por lo cual el cuadro genera confusión y grandes dificultades a la hora del diagnóstico, ya que la presencia de alteraciones o la suposición de que existen, da lugar a las medidas terapéuticas que el profesional a cargo considera pertinentes para el caso.


La complejidad de este síndrome resulta de su particular presentación, ya que la fabricación y creación de falsas historias clínicas, las hospitalizaciones en diversas instituciones médicas (ingresos y re-ingresos constantes), los innumerables estudios clínicos por los cuales atraviesan los niños, la alteración de los análisis o la administración abrupta de medicamentos, generan la actitud de no descartar una verdadera patología, sobre todo teniendo en cuenta que la madre suele presentar ciertos conocimientos en relación a las enfermedades y procedimientos técnicos que deben realizarse. Este saber, reviste importancia por la significación que lo médico adquiere en la historia vital de la madre. Así es que suele observarse este síndrome en gente que trabaja o es allegada a las instituciones hospitalarias o bien en padres con familiares médicos.


Se advierte de esta manera que el niño es víctima de la violencia ejercida por la madre, pero cuya manifestación está velada por un discurso que se adecua a la preocupación socialmente esperable por la salud de los hijos. Es por esto que señalamos que bajo el rostro del amor manifestado por la madre, en realidad se encuentra un niño presa del abuso.


Por otra parte, al tomar conocimiento de este tipo de patologías donde está implicado un menor, también se plantea la necesidad de informar a las autoridades judiciales, a fin del resguardo del niño y proteger la integridad de su salud.


Este tipo de vínculo patológico entre la madre y el niño, reviste ciertamente, un riesgo de vida de considerable importancia para el niño. Puede ver afectada tanto su salud física (por las secuelas de los innumerables estudios a que es sometido) como su salud psíquica (con consecuencias tanto en la estructuración subjetiva como en su representación del cuerpo)


En el desarrollo normal de todo ser humano, la dependencia, no sólo física sino afectiva del niño respecto del adulto, promueve un tipo de vínculo que en los comienzos de la vida resulta de fundamental importancia y sin el cual, el niño queda librado a la indefensión. Esta dependencia respecto del otro, puede volverse patológica cuando la relación entre ambas partes adquiere formas en las cuales la omnipotencia materna anula cualquier tipo de deseo de parte del niño. Tal sometimiento promoverá, de acuerdo a la historia vital de cada individuo, distintas clases de padecimiento. El otro materno, se vuelve aquí el amo exclusivo del deseo del niño. La dependencia, se volverá violencia, mediante un aplastamiento del yo del niño quién pasivamente sufrirá por amor a la madre.


La apropiación del cuerpo del hijo, por parte de la madre impide la construcción de cuerpos y espacios diferenciados. Aquello que en el origen responde a una necesidad de libidinizar el cuerpo del hijo para que sea motor del desarrollo psíquico, deviene un cuerpo cuya característica es ser objeto del goce materno. Es decir, el cuerpo sufriente del hijo, se enlaza a alguna forma de satisfacción inconciente para la madre y a algún tipo de beneficio secundario ligado a la necesidad de someter y someterse al saber del otro, saber médico en este caso, que resultará insuficiente para responder a la demanda de la madre.


Resulta significativa en las historias clínicas de estos casos, la ausencia del padre en tanto función simbólica, que permita intervenir en el vínculo simbiótico establecido entre la madre y el niño.


CONCLUSION


La violencia y el abuso, pueden enmascararse bajo las formas del amor. ¿Quién puede amar más que la madre? Esto es lo que está puesto en cuestión.


Que el niño sea objeto de amor para la madre es un complejo proceso de construcción subjetiva, que puede verse anulado bajo ciertas circunstancias y devenir para el niño sumamente riesgoso, tanto para su vida física como para su futura vida psíquica. Aquello que en lo manifiesto se presenta como un discurso amoroso y de protección por la salud del niño, puede eventualmente develar un deseo de muerte, siempre anónimo, desconocido, cuyo objeto recae en el hijo y que eventualmente éste, puede apropiarse como un deseo propio y recaer en alguna forma autodestructiva o en la repetición del mismo recorrido de atenciones médicas y hospitalarias que constituyeron su historia personal.


Retomando aquello que mencionábamos al principio, el amor, a veces, puede bordear el camino de lo patológico. Cuando el lazo que se establece ubica a uno de los partenaires en la posición de objeto, su lugar es de víctima, y cuando esta violencia se establece en el vínculo madre-hijo, como en el caso del Síndrome de Münchausen, los riesgos futuros adquieren mayor envergadura.


BIBLIOGRAFIA CONSULTADA


1) Ascher R. : Munchausen´s syndrome. Lancet 1951;1:339-34

2) Meadow, R.: Munchausen syndrome by proxy: The hinterland of child abuse. Lancet, 2, 342-345

3) Fudín, Mónica: "Bajo sospecha". Maltrato infantil: Síndrome de Münchausen. Rev. Psicoanálisis y el Hospital, Año 7 Nº 14, 1998.

Horacio Castillo



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El Trastorno Obsesivo Compulsivo o Neurosis Obsesiva
19.09.2011

"Trátase, ciertamente, de una singular dolencia. La fantasía más extravagante de un psiquiatra no hubiera conseguido nunca imaginar nada semejante, y si no tuviéramos ocasión de ver continuamente casos de este género, no creeríamos en su existencia"(Sigmund Freud)

En la actualidad, se escucha hablar mucho del TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo). Esta patología, se encuentra dentro de los denominados Trastornos de Ansiedad, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM IV elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría. Sin embargo, cabe aclarar, que no es una nueva enfermedad, ni una patología de estos tiempos. Su entidad, ya fue descripta por la psiquiatría clásica, pero especialmente por Freud a fines del siglo XIX, conociéndose habitualmente y aún hoy en día como neurosis obsesiva.

Constituye dentro del psicoanálisis, una de las formas clínicas fundamentales dentro de la neurosis (junto con la histeria y la fobia), a las que en conjunto se denomina estructuras neuróticas, para hacer referencia a una modalidad específica de mecanismos psíquicos defensivos que caracterizan a estas entidades clínicas.

Esta particular forma de padecimiento, se presenta habitualmente en jóvenes adultos, mayoritariamente del sexo masculino, aunque se observan formas obsesivas también en la infancia.

SINTOMATOLOGIA

El TOC (neurosis obsesiva), se caracteriza por la presencia de obsesiones y compulsiones, es decir ideas, pensamientos, imágenes o impulsos y actos en forma recurrente, repetitiva e intrusiva, que provocan gran malestar, ya sea por su contenido o por la ajenidad respecto de su forma habitual de pensar y actuar, frente a las cuales la voluntad no puede evitar su aparición o realización.

Al respecto, señala Freud: "Los enfermos de neurosis obsesiva muestran, generalmente, las siguientes manifestaciones: experimentan impulsos extraños a su personalidad; se ven obligados a realizar actos cuya ejecución no les proporciona placer ninguno, pero a los cuales no pueden sustraerse, y su pensamiento se halla invariablemente fijo a ideas ajenas a su interés normal"

Por ejemplo, ideas o deseos sobre la muerte de otros; haber cometido un delito o crimen; ideas sobre estar contaminado o temor a contraer enfermedades por contacto con los demás; la necesidad de disponer objetos en un determinado orden inalterable; la urgencia de verificar repetidas veces si se han cerrado las llaves de gas o las puertas y ventanas.

Estas ideas y actos, provocan una pérdida considerable de tiempo en la vida cotidiana, ya sea para el trabajo, para poder dormir o realizar actividades en principio placenteras que luego se ven impedidas por las obsesiones.

Las dudas repetitivas sobre si se han realizado determinados actos, llevan a una cavilación constante y una necesidad de verificación interminable de los mismos.

"...vemos aparecer, en el terreno intelectual, un estado de duda que, extendiéndose sobre las cosas generalmente más ciertas y seguras, provoca en el sujeto una perpetua indecisión, despojándole de toda su energía y haciéndole imponerse inhibiciones cada vez más rigurosas. Este cuadro sintomático resulta tanto más singular cuanto que los neuróticos obsesivos suelen haber sido antes, por lo general, personas de carácter enérgico, a veces de una gran tenacidad, y siempre de un nivel intelectual superior al vulgar. En la mayoría de los casos presentan, además, una alta disciplina moral, llevada hasta el escrúpulo, y una extrema corrección..."

Estos actos son percibidos como carentes de sentido, displacenteros, pero inmodificables por la voluntad, aún reconociendo lo exagerado e irracional de su contenido. De nada vale la argumentación sobre el sin sentido de la realización de estos actos, lo cual es sabido y aún manifestado por el propio sujeto

"No supongáis, sin embargo, contribuir al alivio del enfermo aconsejándole que se distraiga, deseche sus ideas absurdas y piense, en su lugar, en algo razonable. El enfermo mismo quisiera hacer aquello que le aconsejáis, pues presenta una perfecta lucidez, comparte vuestra opinión sobre sus síntomas obsesivos e incluso la formula espontáneamente antes que vosotros; pero nada le es posible hacer para mejorar su estado."

Este permanente esfuerzo intelectual, alrededor de las ideas obsesivas, lleva a una necesidad de control y dominio sobre el propio pensamiento, que se denomina racionalización, cuyo objetivo es que no se infiltren los pensamientos horrorosos que provocarían angustia. Este control, se extiende hacia todas las actividades que se realizan: el orden de los objetos de la casa, la pulcritud, o la perfección a la hora de realizar un trabajo. Paradójicamente, este afán de perfección conspira contra la realización de las mismas tareas emprendidas, por la cual la insatisfacción crece y los objetivos propuestos nunca se realizan.

En las Conferencias de Introducción al Psicoanálisis, Freud señala: "cualquiera que sea el carácter que presenten (las ideas obsesivas), constituyen siempre el punto de partida de una intensa actividad intelectual que agota al enfermo, el cual se ve constreñido, contra todo el torrente de su voluntad, a cavilar incesantemente en derredor de tales ideas, como si se tratase de sus asuntos personales más importantes. Los impulsos que el enfermo experimenta pueden presentar también, en ocasiones, un carácter infantil y desatinado, pero la mayor parte de las veces poseen un contenido temeroso, sintiéndose el enfermo incitado a cometer graves crímenes, de los que huye horrorizado, defendiéndose contra la tentación por medio de toda clase de prohibiciones, renunciamientos y limitaciones de su libertad"

El enfermo, suele poner en práctica fórmulas, rituales, actos, prevenciones u otras ideas obsesivas, con lo cual, en el intento de suprimir o ignorar aquello que aparece como perturbador, sólo se logra un desplazamiento hacia otras obsesiones o compulsiones. (Ej: con el fin de evitar la idea de contagio de una enfermedad por contacto o suciedad, el enfermo lava constantemente sus manos hasta provocar heridas en la piel; con el fin de evitar la aparición de un pensamiento horroroso o una fantasía sexual, el sujeto dice frases, plegarias o cuenta del 1 al 10; para evitar la sensación de angustia o no poder dormir, el paciente debe realizar determinados actos previos como ordenar objetos, cerciorarse de haber cerrado puertas y ventanas, las almohadas colocadas de determinada forma, etc, todo este ritual puede insumir hasta varias horas)

"...los actos obsesivos, son siempre inocentes e insignificantes, consistiendo de ordinario, en repeticiones u ornamentaciones ceremoniosas de los actos más corrientes de la vida cotidiana...resulta de este modo que los actos más necesarios, tales como los de acostarse, lavarse, vestirse o salir de paseo, se convierten en problemas complicadísimos, apenas solubles."

En los casos mas graves, el trastorno puede llevar a una conducta de evitamiento total del contacto y a un encierro en su propia casa, asediado por las ideas de enfermedad.

La particular forma que adquiere esta enfermedad, hace que transite por un carril íntimo, como si fueran cuestiones de carácter, hábito o costumbre, de modo que todo transcurre en el ámbito privado del enfermo, con lo cual los pacientes suelen consultar en forma tardía, cuando la enfermedad toma los caminos de una crisis de angustia o bien ante la impotencia para controlar los pensamientos.

Suele confundirse algunos aspectos de la sintomatología de este trastorno con la hipocondría, por su referencia al temor a contraer enfermedades, o bien con una fobia específica a determinada enfermedad, pero la naturaleza del trastorno es bien distinta, por el acompañamiento de rituales defensivos.

En algunos casos, lo absurdo de las ideas obsesivas, presentan semejanza con ideas delirantes, típicas de la esquizofrenia, pero carecen de la certeza propia de todo fenómeno psicótico.

No toda idea o pensamiento que se presente en forma repetitiva es una obsesión, ya que su característica principal es que generalmente se refieren a cosas alejadas de la realidad, cosas ?sin sentido?, ínfimas, cosas menores, (como contar, aparición de insultos, decir ciertas palabras o frases, sentimientos horrorosos, etc), generadoras de malestar o angustia y frente a las cuales el enfermo emprende una "lucha defensiva".

Es importante a los fines del diagnóstico diferencial, la determinación precisa de la naturaleza de estas ideas, que estas ideas o pensamientos sean reconocidos como propios, es decir que el sujeto sabe que son producidos por su mente y no impuestos por otro o por el exterior. En este sentido, suele observarse en la esquizofrenia, ciertos manierimos, actos repetitivos, ecolalias, etc. similares sólo en forma superficial a las obsesiones pero que deben ser tenidas en cuenta en el proceso diagnóstico.

Entre los aportes más reconocidos de Freud al conocimiento de esta enfermedad, se encuentran no sólo la fina descripción de sus características formales o sintomáticas, sino también los mecanismos involucrados en su producción.

"Aquellos actos que la neurosis obsesiva impone al paciente se hallan sostenidos por una energía para la cual no encontramos comparación ninguna en la vida normal. El enfermo no puede hacer otra cosa que desplazar o sustituir su obsesión, reemplazando una idea absurda por otra que quizá lo es menos, cambiando de precauciones y prohibiciones o variando de ceremonial. Puede desplazarse la coerción, pero no suprimirla. Esta capacidad de desplazamiento de los síntomas, desde su forma primitiva a otra muy alejada y diferente, constituye uno de los principales caracteres de la neurosis obsesiva..."

Mas tarde agregará otros mecanismos específicos, como la anulación y el aislamiento.

Para finalizar, diremos que tal vez lo mas importante desde la perspectiva psicoterapéutica, es que el aporte de Freud al conocimiento y profundización de esta enfermedad (que los vaivenes de la moda científica llaman TOC), es haber reconocido que esos actos que aparecen y perturban el pensamiento, esos actos sin sentido, esas ideas que acosan al enfermo y por las cuales sufre, poseen una significación. Significación desconocida para él mismo, en tanto inconcientes, pero que forma parte de la etiología de la enfermedad, sin cuya supuesto, toda acción terapéutica, se transforma en un vano intento de convencer al enfermo de lo absurdo de sus pensamientos.

Bibliografia Consultada:
- Freud, Sigmund: Obras Completas.
- DSM IV: Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales.


Los renglones torcidos de Dios
19.09.2011

Este titulo es sugestivo, y mas allá de ser el titulo de un muy buen cuento de ficción policial, podría ser utilizado para representar lo que promueve el suicidio en la adolescencia. A partir de una serie de suicidios ocurridos a lo largo del año en Escobar, que preocupa a sus habitantes y a las autoridades sanitarias, decidí publicar este articulo.

La tasa de suicidio de una sociedad es usada para diferentes fines, pero siempre muestra, siempre es termómetro de un deterioro en alguno de sus estamentos. Las épocas de crisis económicas que atravesamos mostraron precisamente esto, pero aun siendo un fenómeno social, hay en cada suicidio un acto propio del sujeto que lo lleva a cabo.

Si uno parte de pensar: "yo soy yo y soy dueño de mis actos" no va a poder comprender lo que insta ( o impulsa ) a una persona al suicidio. En líneas generales, el suicida está muerto unos segundos antes de llevar a cabo ese acto. Dicho de otra forma, el acto muestra que esa persona "estaba muerta" previamente, de modo que es importante pensar en las circunstancias que conducen a esa posición de angustia y de asfixia existencial. En algunos países cuando se detecta que una persona muere en un "accidente de transito" alcoholizado, se lo rotula como suicidio, es decir que la forma de entender esa muerte cambia según las características de la sociedad. Muchos suicidios quedan enmascarados bajo la forma de accidentes o distracciones, pero siempre son actos que conducen a la muerte y, es preciso destacar esto: la persona estaba de una u otra forma avisada. Por qué impacta enterarse de un suicidio? ( pongamos como ejemplo el caso del Dr Favaloro) porque es un acto que esta destinado a otro. El suicidio intenta mostrar algo a otro. Si bien los motivos y las formas del suicidio varían, siempre hay un mensaje, un "mostrar algo" a otro, recordemos suicidios en masa por cuestiones de fanatismo religioso, suicidios después de guerras, en veteranos, o después de catástrofes como la de Cromagnon. Siempre contienen un mensaje. En muchos casos estos mensajes toman cuerpo y se dejan cartas a alguien. En las historietas o en caricaturas, es común que cuando se muestra un suicidio se pone una carta que dice "Sr juez"- De una u otra forma se entiende que contiene un mensaje. Siempre nos queda la pregunta de "porqué lo hizo?" y la respuesta muchas veces es: "no veo salida" " estoy cansado" "No quiero mas" " no puedo vivir mas así"- Este mensaje muchas veces muestra la imposibilidad de llevar adelante otro proyecto de vida que el que lo lleva inexorablemente a ese encierro. He trabajado 13 años en geriátricos y he visto gente que "se deja morir" o que rezan para morir. Estas muertes no son suicidios pero también ponen en acto la voluntad de no vivir mas. Muchas veces lo que lleva a esto, en el caso de nuestros viejos, es el miedo a la edad, alguna enfermedad y muchas veces el no tener un proyecto de vejez. El suicidio en la adolescencia es demostrativo de algo patente y doloroso, que también de algún modo tiene que ver con la imposibilidad de darse un proyecto diferente. Muchos adolescentes se ven llevado a ese callejon sin salida del cual el suicidio es, digamos así, una salida fallida. Quien haya visto la película "La sociedad de los poetas muertos" no dejara de darse cuenta que el personaje se veía presionado por dos estilos de vida, dos formas de ser, la del profesor y la escuela y la de su padre que le instaba a ser médico y finalmente el chico decide suicidarse. Su suicidio, si algo quería decir a modo de mensaje era: " no puedo ser lo que quiero, y no quiero ser lo que vos querés que yo sea" Es necesario aquí hacer una aclaración ; si decimos que el suicidio muestra o dice algo a otro, esto no está dicho en el sentido de la culpa. La culpabilidad siempre muestra que hay algo que esta bien, y hay algo que está mal o que hay algo que sería lo correcto de hacer- En este caso se trata de responsabilidad, se trata que cada uno se haga responsable de sus actos. En este sentido, todo suicidio adolescente envía un mensaje en el cual alguien queda responsabilizado. A veces son los padres, a veces es una escuela, unas malas notas, a veces es un novio o una novia que no llegan a serlo. Frente a este planteo qué es lo que podemos hacer? Cuando uno como profesional, toma contacto con estos casos, se ve que previamente la persona que entra en esos "callejones sin salida", da señales de ese encierro. Da señales de su asfixia y su malestar. Muchas veces los adultos: padres, maestros, o agentes de salud, no escuchamos esas señales. Escuchamos lo que queremos escuchar y no lo que nos muestra esa persona. . Insisto: no es una cuestión de culpabilidad sino de responsabilidad. Un consejo que se puede poner en practica es el de derivar a la consulta profesional a un adolescente cuando se empieza a observar cambios de conducta, sobre todo los estados de angustia que suelen ser llamados "depresiones" o "tristezas", "encierro en si mismo" o "aislamiento".

Otra de las formas que también muestran el riesgo al que están sometidos los adolescentes es la forma maniaca, cuando están "sacados" o "acelerados" y quedan expuestos a accidentes fatales. Son señales que pueden estar mostrando una situación difícil de elaborar para el adolescente. Los estados de angustia o malestar duraderos o la imposibilidad de disfrutar de momentos de la vida cotidiana o la repetición de situaciones de difícil solución son las señales que debemos tener en cuenta. El aceptar esta situación, el tener el valor de "ver" lo que muestra un suicidio, y el aceptar el mensaje, posiblemente conduzca a cambiar algunos criterios inflexibles: cuanto mas inflexible es una educación, o la actitud de los padres hacia el niño, menor es la comprensión y mayor es la distancia afectiva que se genera entre las personas y el suicidio es uno de los efectos de estos conflictos. Recordemos que el egoísmo ensordece: la misma palabra que al no ser escuchada enferma, es la palabra que al ser liberada, cura.

 


Psicoterapia y Religión
19.09.2011

Investigar y pensar las relaciones entre psicoterapia y religión constituye una labor fascinante y ardua. Se trata de un campo sumamente extenso tremendamente complejo y delicado donde quedan numerosas preguntas sin responder.

No solamente la consulta de bibliografía psicológica, religiosa y social, sino además la experiencia religiosa y la practica como psicoterapeuta me ayudó a dar colorido vivencial para poder realizar esta difícil tarea.

El intercambio con colegas, con religiosos y con personas comprometidas en ambos quehaceres enriqueció aún más y permitió anudar algunas de las reflexiones que les ofreceré.

Se da una coexistencia de hecho entre creencias, prácticas religiosas y prácticas psicoterapéuticas, entre el accionar de psicoterapeutas y el de religiosos, entre aquellos que van al consultorio psicológico y los que van al templo de Dios o creen en él.

Tanto las religiones como las prácticas religiosas intentan dar respuestas a inquietudes básicas de la existencia humana, pero de manera diferentes.

Desde hace miles de años hasta la fecha las religiones han tomado sobre sus espaldas el peso de guiar y dotar de sentido la vida del hombre con principios rectores y normas éticas y morales que fundaron nuestras culturas.

Del antiguo hechicero, nacen los médicos y luego los psicólogos. Aprendices de brujo, chamanes modernos al decir de Levy Strauss sobre los psicoanalistas, nos ocupamos de espíritus dolientes, de almas en pena.

Psicoterapeutas y religiosos intentan hacer más llevadero nuestro paso por el mundo; buscando dotar de trascendencia y armonía a la existencia unos, tratando de mejorar la calidad de vida los otros.

La religión ofrece valores universales (justicia, amor) preceptos, dogmas, intenta dar respuestas a la verdad de nuestra existencia.

La pretensión científica de las prácticas psicológicas genera interrogantes, cuestionamientos, verdades relativas que se oponen en este aspecto a lo religioso, pero debiendo encontrar el difícil camino de una ética y moral propias, herederas con seguridad de la religión cuyo basamento les dio origen.

Me parece muy ilustrativo el comentario de un paciente en una de sus primeras sesiones de terapia que decía: ?Esto es como la confesión (católica), le debo contar (confesar) todos mis pensamientos, mis sentimientos, pero Ud. no me dice que está bien y qué está mal, como en la iglesia.?

¡Que tentación opinar sobre el bien y el mal!... Que compromiso el hablar o callar!...Los terapeutas tenemos por convicción que el no decirle que está bien y que está mal le permitirá ir descubriendo ?su bien? y ?su mal?. Camino que además la llevará a interiorizar una normatividad que surgirá del interjuego de sus deseos y necesidades y de las posibilidades y restricciones del contexto social que la rodea.

También es cierto que las respuestas requeridas son diferentes de acuerdo al momento personal e histórico que una persona atraviesa.

Existen situaciones en las cuales se hace necesario una mayor apoyatura externa, con códigos definidos y moldes que sirven para orientarse y organizarse. La religión ofrece claramente esta alternativa cumpliendo una importante función de apuntalamiento y soporte.

En muchos casos la congregación, el grupo de fieles contienen y acompañan para superar trances difíciles. Esto es desde el punto de vista psicológico una ayuda inestimable: al reconfortar, disolver ansiedades y permitir además el refuerzo de sentimientos de pertenencia e identidad.

Sentirse perteneciente a un culto religioso otorga lazos de unión además de proponer metas, valores e ideales.

No menos importante es el sentimiento de identidad. Ser judío, católico o protestante forman parte del sí mismo y están inmensamente cargados, históricamente primero y familiarmente después, desde el momento del nacimiento y aún antes.

Todos los momentos trascendentales de nuestra existencia están atravesados por la presencia de ritos y prácticas religiosas; las uniones, los nacimientos, las ceremonias de iniciación y las muertes llevan la presencia y la marca de una identidad religiosa y del otorgamiento de un sentido. El impacto emocional que generan es de una fuerza y un peso importantísimo, ya que calan profundamente en nuestra psique al enraizarse con recuerdos, deseos, alegrías y angustias en todos nosotros.

Por otra parte, es importante señalar la relación entre las instituciones religiosas y las estructuras de poder, pero no ahondaré en ello por exceder los propósitos de este trabajo.

En la práctica, psicoterapia y religión tienen áreas de superposición. Mencioné anteriormente que la religión y los religiosos pueden llegar a ejercer una función psicológica de apoyo, sostén y guía. Psicoterapeúticamente esto es altamente necesario en personas con severas carencias afectivas, precaria organización psicológica, en aquellos que deambulan sin rumbo ni sentido por la vida o en los momentos de crisis vitales. Aquí psicoterapeutas y religiosos ejercemos psicológicamente una acción similar en sus efectos, me refiero a los efectos psicológicos, el sentido de la acción religiosa trasciende ese momento.

A su vez para muchos devotos de psicoterapia ésta cumple una función religiosa; se constituye en fin último y ritual que se cumple con frecuencia regular, la palabra y a veces el silencio del terapeuta son tomados como el equivalente de las señales de Dios, organizándose la vida y los actos alrededor de ello.

Nosotros, los psicoterapeutas, corremos el riesgo de estamparnos en ese lugar permitiendo una peligrosa superposición, que lejos de llevar a la persona a la mejoría perpetúa un circulo vicioso de dependencia fatua. Y más corremos ese riesgo si endiosamos nuestra teoría y nuestra práctica creyéndolas verdades últimas y nosotros los iluminados de esa verdad que debemos comunicar a nuestros pacientes.

La función de escucha de un religioso puede también superponerse con la del psicoterapeuta. Muchas personas acuden a la consulta con el religioso en busca de alivio a sus angustias, de respuesta a sus preguntas, de consejo en sus decisiones. También suele ocurrir que lo erigen como juez entre partes, armonizador familiar. Frecuentemente y a lo largo de miles de años los religiosos han sabido hacerlo.

Pero actualmente los psicoterapeutas hemos ido ocupando alguno de estos lugares categorizando y diagnosticando la angustia excesiva, los estados de confusión, los conflictos familiares, etc y encontrando métodos terapéuticos para enfrentarlos. Y en ese sentido debemos poder diferenciar aquello que es saludable (cierto monto de angustia existencial, de inquietud por el sentido de la vida, de temor ante la muerte) de problemáticas que son más neuróticas o psicóticas más signadas por lo repetitivo, por la dificultad y estereotipia en resolver situaciones de la cotidianeidad.

De esto último podría llegar a entenderse que los psicoterapeutas remplazamos a los religiosos y esto no es así. Estos no se han ocupado ni perfeccionado en curar insanos ya desde tiempos bíblicos.

Por otro lado a nadie se le ocurriría llamar a un psicoterapeuta para la celebración de un nacimiento, para un entierro o un casamiento.

Desde la psicoterapia y desde la religión se realizan distintos quehaceres plausibles de llevarse a cabo ambos sin que impliquen contraposición o incompatibilidad de uno con el otro, más bien complementariedad en la variedad de búsquedas que alguien puede emprender.

Existen numerosas personas que concurren al psicoterapeuta y profesan conjuntamente un culto religioso. También las hay que hacen política, juegan al ajedrez o estudian hindú y uno no se pregunta si son compatibles o no.

En ese sentido nuestra postura como terapeutas es importante que sea la de respetar y comprender las diversas elecciones que una persona puede ir realizando para desarrollar en plenitud sus potencialidades.

La religión o la comunidad religiosa aportan y proveen muchas veces las formas y estructuras para posibilitar desarrollos personales, y en ese sentido si nuestro accionar terapéutico se orienta de igual forma veremos que es posible la complementariedad.

Sí puede resultar incompatible la tarea psicológica con la religión cuando ésta es utilizada con finalidades francamente restrictivas o patológicas, para enmascarar trastornos obsesivos, delirios místicos, represiones sexuales, déficits en la integración social o laboral, etc. Allí el terapeuta contará con el tino y la habilidad para encontrar las brechas que permitan desintegrar los aspectos regresivos o enfermos amparados en el cumplimiento de dogmas religiosos, para permitir, luego de elaborarlo, su integración más plena en un momento posterior.

Constituye la fe un factor curativo?... La fe ha sido definida como una luz y conocimiento sobrenatural con que sin ver se cree en lo que Dios dice.

Psicológicamente fe es confianza, también esperanza.

Es una expectativa, un anhelo.

Es lo que nos permite soportar los momentos duros y lo que nos guía para hallar un horizonte nuevo.

Es presente y futuro.

Es templanza y fuerza que promueve y sostiene la acción.

Es el arca que contiene nuestra llama vital. La fe se asocia a los instintos de vida, a la creación, a los cambios.

La levedad y finitud de lo humano y la conciencia de ello producen vivencias angustiosas de desamparo, de vacío, de nada.

La fe permite proveer los símbolos que irán liberando o reduciendo esa angustia. Esta se acentúa en los momentos de crisis vitales donde se produce una sensación de pérdida de continuidad. El puente que permite enlazarse con un devenir futuro está trazado por la fe.

La falta de fe, de confianza, de ilusión es tributaria del abandono, de la depresión, de la disgregación, de la muerte.

Todos, seamos o no concientes de ello, creemos en algo o en alguien.

Necesitamos creer (tener fe).

Para algunos es Dios; para otros el hombre, una ideología política, una teoría científica, un grupo, una persona.

Ahora bien, los pacientes que realizan tratamientos psicológicos confían y esperan (tienen fe) en ser ayudados a mejorar.

Los psicoterapeutas somos depositarios de esa fe, y como tales la sostenemos y encauzamos para los fines terapéuticos. Orientamos la fe curativamente.

Pero también es nuestra labor prevenir la utilización de esa fe como factor de pasividad, de dependencia, de sometimiento.

Uno de los desafíos más difíciles que enfrentamos es el de no dejar ligada esa fe por siempre a nosotros o nuestras ideas.

Cada sujeto irá llevando su antorcha encendida hacia senderos ignotos que él mismo irá iluminando.


TRASTORNO DE PANICO
19.09.2011

TRASTORNO DE PANICO      

Crisis de ansiedad ó crisis de angustia, distintas denominaciones para una misma enfermedad.
En Argentina afectaría a un millón de personas.

¿PUEDE TRATARSE?


El trastorno de pánico puede diferenciarse de otros trastornos de ansiedad, tanto en sus aspectos
psicológicos como biológicos. Cientificos descubrieron factores neuroquímicos como así también cierta predisposición genética que junto a elementos emocionales y situaciones estresantes, pueden llevar a la aparición de este cuadro.

Se incia generalmente entre los 20 y 30 años, y tres de cada cuatro que lo sufren son mujeres.
El ataque de pánico es una crisis de temor que surge repentinamente sin una causa aparente. La amenaza concreta parece estar ausente, es una falsa alarma que el organismo interpreta como real.

Taquicardia, miedo a morir, ahogo son sus principales síntomas.
Un ataque aislado no constituye una enfermedad en si misma, la aparición de sucesión de ataques recurrentes desencadenaría el atque de pánico.

La aparición repentina sin una causa aparente, desencadena un sentimiento abrumador y los intentos iniciales de comprender que ha sucedido lleva a la conclusión que se está enloqueciendo o de tener una enfermedad física terrible.

Generalmente, antes del primer ataque meses quiza, existió alguna situación emocionalmente intensa
robo, amenaza de muerte, divorcio, pérdida de un ser querido, perdida de empleo, desarraigo repentino, etcetera,
situaciones generadoras de un gran stres que exigieron un gran esfuerzo psíquico.

Existen factores familiares que predisponen a padecer este trastorno en donde interactúan tanto los factores genéticos como el aprendizaje infantil. Aparece un miedo intenso al pánico más amplio y se desarrolla una angustia anticipadora.
La angustia anticipadora y la probabilidad de pánico incrementada se desarrolla principalmente en situaciones en donde el individuo será incapaz de escapar ó de recibir ayuda ó estaría forzado a sufrir la ignominia de que los otros conozcan su problema.

Acontecimientos tales como cruzar puentes largos sentarse en el centro de una fila en un cine, estar en una habitación atestada ó estar solo en la calle, podrían llegar a ser en consecuencia, tan aterradoras como para inducir pánico adicional. Los estimulos asociados con estos acontecimientos o sitios pueden producir angustia nuevamente, se comienza pronto a evitar tales situaciones desarrollandose hábitos de evitación.

La consecuencia de las limitaciones que van surgiendo generan sentimientos de inferioridad cayendo a níveles dolorosamente bajos la autoestima y la confianza en si mismos.
Los pacientes con trastornos de pánico llegan a ser más sensibles al dolor físico como podría ser el asociado al ejercicio físicoó al de las enfermedades comunes.

Los acontecimientos típicos que sucitan emociones negativas a todas las personas en general por ejemplo rechazo, crítica, decepción, son sentidos con gran intensidad produciendo así un dolor psíquico mayor.
Aún los acontecimientos positivos tales como logros, triunfos, puede a causa de la sensibilidad inusual que está padeciendo llegar a asociarse con incomodidad.
Se esfuerzan por mantener el control emocional, esto en cambio de ayudar, conduce a miedos mayores preocupandose por el control de si mismo, lo cual induce a fatiga severa y agotamiento.
Se ve afectado el conocimiento, la memoria inmediata, la concentración y la precisión perceptiva.

Cualquier variación puede llegar a ser un estímulo para una reacción de miedo, disminuye la alegría y el sentido de la vida.
Ataque de pánico es pensar en exigencia generalmente interna, en regresión, en ansiedad catastrófica o de aniquilamiento pánico es la máxima ansiedad que una persona puede experimentar.

El tratamiento es integrado y su pronóstico es bueno.
Es fundamental elegir profesionales que estén especializados en esta problemática.
La psicofarmacoterapia puede aliviar el sufrimiento por reducir directamente ó eliminar los ataques espontaneos, facilitando el enfrentamiento de situaciones generadoras de miedo.
Tratamiento psicoeducativo, el paciente debe tener una explicación clara sobre la naturaleza de su trastorno con material de lectura que proporcione información en profundidad.
Tratamiento psicoterapeútico, estará basado en dos aspectos principales : 1) Reducción de la desesperanza, 2) Motivación para tomar las medidas necesarias, frecuentemente dificiles, para lograr el dominio del trastorno.
Diferentes son las técnicas, la experiencia revela que "ciertas técnicas" se adaptan a "ciertos pacientes"...

Otra técnica que puede ayudar es el grupo de apoyo, ya que genera niveles elevados de cohesión y normas compartidas en la superación de los miedos.
El trabajo con los familiares posibilita la utilización del poder de los vínculos para ayudar al paciente a superar miedos y evitaciones.
A pesar del dramatismo del trastorno de pánico y de sus consecuencias en la vida cotidiana, el tratamiento adecuado lleva a la recuperación de la vida normal y el equlibrio emocional.


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Cara a cara ( La dimensión humana del analista )



"El psicoanálisis no es una religión. Es un viaje que tiene como punto de partida la angustia y como destino final la verdad. Un sendero que r...

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